20 de enero 2003 - 00:00

Mal Manfredotti: firmó el pacto fiscal en blanco

El vicegobernador fueguino, Daniel Gallo, se negó durante todo 2002 a firmar el pacto fiscal para la reducción del déficit provincial alegando que si la Nación no sacaba un decreto que dé vía libre a la reconversión de la industria local, Tierra del Fuego no adheriría a dicho convenio bilateral. El plan era simple: habilitan la reconversión industrial y la provincia firma el pacto que Nación tanto deseaba. Cabe recordar que una de las prendas más exigidas por el FMI para acercarse a algún tipo de acuerdo con el país era que todas las provincias fueran incluidas en el pacto fiscal. Descuido
Pero los fueguinos dejaron pasar el tren. El presidente
Eduardo Duhalde hizo pisar el palito a Gallo prometiendo la pronta firma del decreto para la reconversión y el vicegobernador firmó a principios de diciembre el pacto fiscal, es decir, un cheque en blanco para la industria local. Una provincia chica como Tierra del Fuego tuvo a fin de 2002 una herramienta de negociación única para lograr un beneficio para su deprimida industria, pero dejó pasar la oportunidad demostrando que los funcionarios sureños rebosan en tecnicismo y buenas intenciones, pero tienen muy poco de la «picardía política» que abunda en el duhaldismo.
Durante la negociación, Duhalde siempre se mostró como partidario de que salga el decreto que -modificando la Ley 19.640 de Promoción Industrial- habilita a la industria fueguina para comenzar a fabricar tecnología de punta; en tanto que el papel de negarse a esta posibilidad lo interpretan el ministro de Economía, Roberto Lavagna; el secretario de Hacienda, Jorge Sarghini, o la burocracia a secas.
Incluso, mansamente, Gallo participó ayer en Capital Federal del lanzamiento del «espacio renovador» que presentó al santacruceño
Néstor Kirchner como candidato oficial, para el cual Duhalde llamó a todos los gobernadores «leales» para «hacer bulto mediático».
Así y todo, en la segunda mitad de enero todavía no hay novedades en la isla, que mantiene cientos de empleados cesanteados en fábricas que nada producen (42% se redujeron los puestos de empleados metalúrgicos en 2002). Mientras tanto, desde el Ejecutivo nacional siguen asegurándole a Gallo que el decreto «ya sale».

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