17 de marzo 2008 - 00:00
Parálisis en Jujuy por protesta estatal
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No estará exenta de esas medidas la población de Entre Ríos, quienes deberán soportar, entre otras cosas, movilizaciones y protestas de los sindicalistas.
Jujuy, azotada últimamente por fuertes temporales que han causado ya cuatro muertos y sumida en una crisis de seguridad, luego de que entre otras cosas, la Policía no pudo garantizar ayer la realización de los partidos de primera y de la segunda categoría del fútbol argentino, parece ser la más golpeada.
El sábado pasado, los sindicalistas de ATE tomaron el Salón Blanco de la Casa de Gobierno donde realizaron sendas asambleas para definir la estrategia que van a seguir.
También llevaron sus carpas y entre bombos y platillos aprovecharon para hacerle llegar su mensaje al mandatario Walter Barrionuevo.
En tanto, Tierra del Fuego soportará las retenciones de tareas que impulsarán los nucleados en la Asociación y desde Entre Ríos se esperan movilizaciones y estados de alerta con eventuales asambleas para discutir la oferta que será presentada al gobernador, Sergio Uribarri, no bien llegue de un viaje protocolar que está realizando en Europa.
«No nos bajamos de los 1.280 pesos», subrayó ayer el secretario general distrital, Miguel Pelandino.
Los dibujados acuerdos que impulsa el gobierno nacional con el siempre polémico jefe de la CGT, Hugo Moyano, parecen haber motorizado una gran escalada de reclamos. Es precisamente ese 22% que el camionero acordó con el gobierno nacional, el número de referencia que toman los provinciales estatales para justificar sus medidas.
Sin embargo, los gobiernos del interior no siempre cuentan con los recursos necesarios para hacer frente al aumento de sueldos, lo cual genera que las autoridades terminen pidiendo auxilio a la Casa Rosada.
Las dificultades se suman, además, a las proyecciones económicas negativas que se han hecho en las provincias para este año. Con déficits que van desde los 1.000 millones de pesos hasta los 5.000 millones, se hace difícil contrarrestar las presiones de los empleados del Estado.
En ese sentido, la semana que comienza será quizás una buena oportunidad para que Cristina de Kirchner no haga oídos sordos a esos reclamos, teniendo en cuenta que éstos son derivaciones directas de lo acordado a nivel nacional.




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