12 de agosto 2003 - 00:00
Por la ruta de las casas fantasma
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Con capacidad para 100 personas, el Termas de Puente del Inca se levantaba orgulloso a 2.700 metros sobre el nivel del mar, en plena Cordillera de los Andes. La Compañía de Hoteles Sudamericanos que lo administraba había diseñado un acceso subterráneo a las termas que se abismaban sobre el cauce del río Las Cuevas.
Pero en agosto 1965 se produjo el alud y el orgullo humano quedó domeñado bajo la fuerza incontrolada de la naturaleza. Hoy los restos de los baños semejan un barco naufragado...
El afán aventurero nos lleva ahora al sur de la provincia de Buenos Aires, al pueblo de Sierra de la Ventana. Allí aguarda al viajero la historia del Ex-Club Hotel de la Ventana, construido bajo los parámetros de la belle époque a principios del siglo XX y abrasado por un incendio en 1983.
Atractivo
El emprendimiento, vinculado al Ferrocarril del Sud y al inmenso atractivo de las sierras, sólo tuvo un esplendor económico de 6 años hasta 1917 cuando el entonces presidente Hipólito Yrigoyen impulsó una ley contra los juegos de azar.
El establecimiento, con su capacidad para 350 pasajeros, 173 habitaciones y 4 suites, fue saqueado permanentemente lo que, sin embargo, no evitó que en la década del ‘0 se convirtiera en refugio de los 330 tripulantes del acorazado Graff Spee, hundido en la batalla del Río de la Plata.
Finalmente, el viernes 8 de julio de 1983 un incendio de origen dudoso redujo a escombros lo que fuera el orgullo de la zona. Para visitar las ruinas se accede por Villa Ventana tomando por la calle Pillahuincó hasta la intersección con Tacuarita. Desde allí se desciende hasta el cauce del arroyo Belisario en cuyo lateral hay una tranquera que brinda acceso al lugar. También en Sierra de la Ventana puede conocerse El Castillo, imponente fortaleza de estilo Tudor con el marco de la naturaleza, propio de la zona serrana.
El siguiente destino en que el viajero podrá reflexionar acerca de la Fatalidad es la entrerriana localidad de Concordia.
Situado en el Parque Rivadavia de la ciudad, con vista al río Uruguay, las ruinas del Castillo de San Carlos evoca los fantasmas de un pasado lujoso en el que tuvieron como huésped al escritor de «El Principito», Antoine de Saint-Exupéry.
Fue construido en 1888 por Eduardo de Machy, conocido en el pueblo por sus costumbres extravagantes, y 40 años más tarde fue ocupado por la familia Fuchs Valón, que hospedó al escritor francés cuando éste debió aterrizar en el patio por desperfectos en su avión.
De vuelta en la provincia de Buenos Aires, esta vez sobre su costa atlántica, hallamos al gran Hotel Atlantic de Mar del Sud, hoy casa particular en cuyo hall, de tan grande, el dueño guarda su auto.
De imagen tétrica, se filmaron allí películas de terror que en nada hacen sospechar la finalidad primera del edificio.
En la década de 1880 operaba en la provincia de Buenos Aires el Banco Constructor de La Plata, siendo su actividad principal estimular la industria de la construcción.
Fue ésta la institución que habilitó la obra en Mar del Sud, un balneario pensado para competir con Mar del Plata, recientemente fundada.
Cuando se tenía proyectado hacer llegar el ferrocarril hasta el pueblo se produjo, durante la presidencia de Juárez Celman, la crisis nacional de 1888, quebró el banco y la casa se vendió para convertirla en un sanatorio.
El proyecto vinculado a la salud tampoco prosperó por razones económicas y finalmente el edificio funcionó como hotel por muchos años. Hoy en día, si los turistas lo piden especialmente, pueden dormir en la casa, aunque nadie les garantiza que no se asusten al escuchar el ruido de la madera...
Este breve recorrido culmina en Ascochinga, Córdoba, en la Estancia La Paz que perteneciera a Julio Argentino Roca. Acondicionada para el turismo, conserva una habitación tal como la utilizaba el jefe de la Campaña del Desierto.
Se dice que tiene un pasadizo secreto por donde el ex presidente recibía una discreta visita femenina. Inclusive, aseguran que algunas noches se escuchan extraños sonidos en el corredor en busca de una noche amorosa...




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