En el año 2123, rescatando experiencias humanas perdidas, investigan qué era el amor, y encuentran una cierra respuesta en una novela que relata la historia real de un poeta y una editora. Esa es la premisa de “Amor” (Seix Barral) de Juan José Becerra, ensayista, narrador y periodista que ha publicado entre otros libros “El espectáculo del tiempo”, “El artista más grande del mundo” y “¡Felicidades!”. Dialogamos con él.
“Amor”: una novela pone en duda su supervivencia
Diálogo con Juan José Becerra, quien en su nuevo opus fantástico imagina la reconstrucción, en el futuro, de un sentimiento que ya se ha extinguido.
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Periodista: ¿Hay una desaparición del amor?
Juan José Becerra: Partí de la idea fatalista de que todo se termina, y ¿por qué el amor, tal como lo conocemos, regimentado por una cultura romántica, no va a desaparecer?
P.: Su libro contiene una novela, entrevistas a sus personajes, datos del autor y hasta su obituario. ¿Por qué se dice que su obra pertenece a la “literatura de reunión”?
J.J.B.: Si se postula como literatura de reunión es porque siento cierta incomodidad con la literatura de autor, con la cuestión de la propiedad autoral, del control del relato, dones que el narrador se atribuye a sí mismo. Si hay una voz que cuenta las cosas -la literatura tiene una fuerte tradición en eso- y que esa sea la voz autorizada, dejando de lado mucho de lo que se podría asociar con lo que se piensa de algo, de alguien o de lo que ocurre. Al contar sobre una persona o un episodio lo más probable es que se tenga que instalar en un punto de reunión de muchas fuerzas dispersas. El operativo llamado narración pareciera que fuera lineal, pero eso no quiere decir que esa sea la naturaleza de los hechos que se cuentan. Los hechos que suceden viven en la dispersión y la literatura los reúne mediante esa voz autorizada. Últimamente estoy sintiendo que se falta a la naturaleza de los hechos por culto a la tradición del autor, a la linealidad, al control autoral. Se puede reconstruir una historia tomando de aquí y allá cosas que le parezcan aceptables para restaurar un evento. Creo que hay en el novelista algo de recolector, y quería enfatizar esa figura, más que la del autor.
P.: Los protagonistas de “Amor” lanzan ironías sobre la literatura.
J.J.B.: La literatura ha caído en un pozo muy hondo, el pozo de lo literario, que le da una solemnidad que no tiene razón de ser. No entiendo que la literatura se justificaría por lo que tiene de seria. Escribir un libro es cosa de chicos. Cuando estoy en situación de escribir me veo un niño que juega solo. Eso no puede ser serio. Si bien los niños cuando juegan lo hacen con mucha seriedad. La literatura le rinde pleitesías de sobra a la seriedad, al prestigio, a la adultez, y perdiendo de vista el impulso que lleva a escribir. El impulso pueril de hacer un mundo.
P.: Ana y Antonio, casados con hijos, cada uno por su lado, ¿sólo buscan reincidir en el encuentro sentimental?
J.J.B.: Arman una locura de a dos como una obra de arte. Esa decisión, no formulada, se ve a través de sus síntomas, sus actividades. Tratan de desromantizar, aunque el principio de angustia es muy pesado. Quieren probarse hasta qué punto esa historia puede continuar. Si continúa es porque hay una maquinaria vinculada al deseo y a todo lo que consuma el deseo. Las del deseo no son máquinas económicas, pero son de muchísimo consumo sentimental, emocional. Ellos buscan ver hasta qué punto son capaces de volver a verse. Esa rutina de lúmpenes que no tienen un espacio común y viven en bares y hoteles, es puesta a prueba para ver si son capaces de volver a verse, si la fuerza que los impulsa a encontrarse sigue viva. Lo que detectan es que se puede establecer un vínculo de esa naturaleza bajando los índices de angustia, tomando la relación amorosa como lo que es, un juego de niños costoso. Y se puede sobrellevar si las cosas se inclinan hacia el lado de la comedia y no de la tragedia. La frecuencia que ellos intentan adoptar, aunque a veces fracasen, es la frecuencia de la comedia. Y eso es lo que mantiene viva la relación. Lo que les lleva a aceptar que alguien escriba su historia mientras ellos viven en el mundo que se inventaron.
P.: ¿Hoy los sitios de citas por Internet vedan ese tipo de juego sentimental?
J.J.B.: Esas citas aceleran, bloquean o anulan el proceso. No hay proceso, no hay escarceo, no hay malentendidos, no hay descubrimiento y por lo tanto no hay ocultamiento, se va a los directamente a los bifes porque es una aplicación industrial vinculada al consumo. En los procedimientos históricos del amor se tiene que asumir lo que hay de pérdida en el curso del proceso. Lo mejor del enamorado está más en atravesar esas zonas procesales que ir a los bifes, que en el fondo no dejan de ser una cuestión comercial.
P.: ¿“Amor” es una novela de ciencia ficción?
J.J.B.: No exactamente. Tengo una imaginación realista pero puedo imaginar cosas que podrían suceder en la realidad. Lo que ocurre en “Amor” podría ser así o más o menos así dentro de un tiempo.
P.: ¿Por qué esa “última novela romántica” aparece al final del libro?
J.J.B.: Para el autor considerar que escribe la última novela de amor es una postura narrativa que le sirve para imaginar lo que está escribiendo. Si es la última historia de amor de la humanidad la verosimilitud, lo narrativo, poético, la imaginación, confluyen en la voluntad de contar cómo sería escribir la última novela de amor. Sea la última o no lo sea. Al tener la lectura adelantada en cien años, ese punto cronológico ilusorio puede producir el efecto de que se está leyendo realmente lo último que se publicó en ese género.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
J.J.B.: Un cuento policial que no tiene nada que ver con lo que escribí hasta ahora. Lo que más me gusta es la ignorancia para hacerlo, el que no tenga recursos de cómo hacerlo.




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