“El arte es la mentira para decir la verdad”, expresa Asher Gleman, autor norteamericano de “Afterglow”, que se estrenó el viernes en el teatro Dumont 4040 . El éxito del off Broadway se presenta en simultáneo en teatros de distintas partes del mundo y aquí cuenta con dirección de Diego Ramos y actuaciones Adrian Lázare, Fernando Cuellar y Darío Grasso.
Asher Gleman: “Mi obra habla de hombres pero no es queer, es universal”
“Afterglow”, un éxito de la escena off Broadway, ya tiene su representación en nuestra escena.
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Gleman. “El argumento de mi obra surgió de una experiencia personal”.
La obra sigue la historia de una pareja de hombres en una relación abierta que incorpora a un tercero a sus vidas. Audaz y polémica, se vendieron los derechos a diez países, incluyendo la Argentina. Dialogamos con Asher.
Periodista: ¿A qué atribuye la repercusión de la obra?
Asher Gelman: Cuando la escribí mi marido sentía que por un lado no quería que eso fuera visto porque estaba basada en lo que ocurrió con nuestro matrimonio, pero por el otro quería que tuviera éxito. Es que la mayoría no desea que otros sepan de los errores en nuestras vidas privadas, sienten vergüenza, y esta obra dice una verdad incómoda. Es exitosa porque la audiencia ve los errores de otros en esas conversaciones, y acaso se vea reflejada.
P.: ¿Cuáles son los temas?
A.G.: La honestidad y escuchar en otros lo que no nos animamos a decir nosotros. Solemos temer sobre aquello que pensamos, creemos que pensar nos incrimina como si se tratara de una acción, y hablo concretamente de la fantasía de incluir un tercero en la pareja. Pensar no es lo mismo que hacer. Cuando tenemos un sentimiento pensamos que no será bien recibido y no lo expresamos. Cuando se trata de relaciones tememos tener conversaciones difíciles porque no queremos lastimar al otro.
P.: ¿Cómo fue el proceso de escritura y cuál fue la búsqueda?
A.G.: Cuando me propuse escribir una obra pensé en lo más dramático que me había ocurrido y apareció el momento en que me involucré con otro hombre por fuera de mi pareja. Había minimizado mis sentimientos y pensé que no diciendo toda la verdad podía seguir adelante. Esa deshonestidad casi termina con mi matrimonio. Escribí creyendo que la culpa que sentía era enamorarme de otra persona y en el proceso descubrí que la culpa era por ser deshonesto. Eso que viví nunca habría ocurrido si todos los personajes hubieran sido transparentes, de hecho no habría obra.
P: ¿Hay una dramaturgia queer?
A.G.: Así como la sociedad no está construida para nosotros y crecemos rompiendo esas barreras, el artista queer mira a la sociedad desde afuera, no somos parte, somos siempre aliens, extraños para caminar entre los “straight”. Como queer me alejo y veo la sociedad desde una perspectiva diferente. Ofrecemos una mirada desde fuera sobre la experiencia humana. La obra es un hombre libre en su relación con otros hombres pero no es una obra queer, es universal. Me nutro de tres personajes para contar esta historia.
P.: ¿Cómo fueron las versiones en otros países?
A.G.: Nunca imaginé este éxito, la estrené esperando que le gustara a mi madre, y luego en diferentes mercados interesó porque es alguien diciendo la verdad. Son conversaciones difíciles que creemos que tienen otros y nunca nosotros. Hay que ser valiente para tener esta conversación y por eso toca a tanta gente en todo el mundo. Vivimos un mundo más habituado a robar y mentir, no creemos que haya otra manera. Aquí nos preguntamos qué pasa cuando se pierde esa comunicación y honestidad, es luchar porque no parece encontrarse otra manera pero no hay excusas.


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