El SUV que analiza producir Ford y los desafíos de Renault

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No es el mejor momento para hablar de inversiones. Con el impacto económico a nivel mundial como consecuencia de la pandemia, más los problemas domésticos crónicos y aumentados, toda discusión que tenga aprobación de fondos es un tema delicado. En este contexto, las empresas están replanteando sus planes de negocios. En lo que respecta a la Argentina, hay algunos casos que hay que estar siguiendo de cerca para saber si, finalmente, hay fumata blanca. La decisión de Ford de radicar una inversión en la planta de General Pacheco para desarrollar la nueva Ranger, es un buen ejemplo. Por el momento, no está definido, como ya se trató en esta columna reiteradamente. Si bien algunas fuentes del sector lo dan como un hecho, la experiencia con el levantamiento de la producción del Focus, obliga a ser cautos. Oficialmente, no hay confirmación. El 13 de octubre hubo una reunión global de la automotriz donde se trató el tema pero no hubo comunicación firme al respecto. En la filial local están expectantes por las conclusiones de ese encuentro. Hasta el viernes pasado no tenían ninguna señal. El dato que siguen de cerca es lo que sucede en la planta brasileña de Camacari, donde se fabrica el Ka y la EcoSport. A comienzos de octubre se comunicó que la decisión de destinar nuevos fondos para ese establecimiento industrial para renovación de modelos se pasaba para el primer cuatrimestre del 2021. Esa postergación va en línea con lo que sucede en otras automotrices y el “wait and see”. No sólo se trata de la Ranger. Se vuelve a reflotar el proyecto de sumar una versión carrozada. Se trata del SUV Everets que se monta sobre la misma plataforma de la pickup. Quienes transitan los pasillos de la terminal cuentan que ese proyecto está descongelado y se están analizando los números. Serían unas 20.000 unidades que se sumarían a lo que se pueda fabricar de Ranger. Eso le permitiría mayor uso de la capacidad instalada. En Pacheco creen que, como en Brasil, no habrá una resolución inmediata sobre estos proyectos. Es un momento delicado ya que el contexto no ayuda. El anuncio de salida del país de varias empresas es un dato que se analiza en las casas matrices de otras compañías radicadas en la Argentina. “¿Por qué se van ellas y nosotros no?”, es pregunta obvia.

Los problemas no sólo tienen que ver con la crisis global. En algunos casos, se deben a cuestiones internas de las terminales. La semana pasada, Ámbito Financiero publicó una entrevista al presidente de Renault, Pablo Sibilla, en el marco del lanzamiento industrial de la pickup Alaskan. El directivo se refirió a la falta de competitividad de la Argentina, por la presión fiscal, y las dificultades para exportar. Un tema completamente cierto. La empresa está haciendo grandes esfuerzos para aumentar sus ventas al exterior que hoy representan sólo 20% de su producción cuando la norma en el sector es que se trate de llegar a 70%. Por el momento, el nuevo modelo se destinará al mercado interno por problemas de baja rentabilidad para el mercado brasileño. Se hicieron focus groups en la pista de pruebas el estado de Paraná con resultados pocos satisfactorios. Además de las cuatro pickups argentinas que se venden en ese país, hay que sumarle la Chevrolet S10 y la Mitsubishi L200 que son muy fuertes. Esto obligaría a entrar con precios muy ajustados para vender que no amerita la apuesta. Su lanzamiento interno se justifica porque tiene un producto nuevo sin necesidad de inversión. Se la compra a Nissan que es la que puso la plata para desarrollar la Frontier. De hecho, la japonesa anunció más fondos por u$s130 millones para adaptar chasis a toda la gama EU3-EU5, clave para entrar a Latinoamérica. El otro vehículo que producen en Córdoba que podría ser exportado a Brasil pero no se hace es la Kangoo. Se vende a México y Colombia. Ahí el problema es más complicado. Fallas de ingenierías impiden montar en esa plataforma el motor flex, que acepta el combustible brasileño. Eso hace que no cumpla los requisitos de motorización para evitar el IPI, un impuesto del sector. Este problema terminó con la carrera en la empresa de ocho ingenieros. No hay posibilidades de inversión para ahora adaptarlo. Sibilla especuló con la posibilidad de otro modelo en Santa Isabel pero ese proyecto no sería factible hasta después del 2023.

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