Decrece el número de ganaderos y no se beneficia al consumidor
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Si el campo es el motor del crecimiento y el bombero permanente de cuanta crisis debe apagarse en el país, es inaudito que no tenga su cartera como se debe y sea respetada y considerada por todo el Gabinete como fundamental y trascendente. Brevemente enunciamos algunos hechos desgraciados que soportamos los que todavía permanecemos en nuestro sentimiento ganadero.
Somos los únicos que hemos perdido por partida doble, pues somos productores con todos los avatares antes mencionados y consumidores, que no vemos reflejada en góndola ninguna mejora a nuestro bolsillo, al contrario, estos errores los pagamos todos.
Nos preocupa el clima de confrontación que se ha generado contra nosotros, hombres de campo. Se nos quiere hacer aparecer como culpables de esto. Es muy difícil soportar que cadenas de supermercados pongan pancartas donde se justifican por la falta de carne debido a que sus proveedores no les venden. Una falacia. La dieta consiste en el equilibrio, y eso es lo que está faltando en este momento.
Las autoridades deben comprender que ante una crisis de oferta, para cambiarla y no profundizarla se debe actuar con el componente esencial anteriormente mencionado: equilibrio. Cambios bruscos y traumáticos lo único que generaron es que cada vez haya menos vacas.
Las estadísticas hay que mirarlas, comprenderlas y no modificar perversamente como el INDEC; cada día aumenta más la faena de hembras. Estas potenciales fábricas que se cierran no darán la proteína requerida, y la crisis se hará cada vez más grande. Llevar un bife a la mesa no es soplar y hacer botellas, lleva como mínimo casi tres años desde la concepción. Por ello vemos con preocupación lo que está pasando actualmente.
Consideramos vital dejar de lado el intervencionismo. Nuestro sector sólo se desarrollará con políticas activas de abrir mercados. No cuotificarlos. El precio debe surgir del equilibrio entre oferta y demanda; para que éste baje es fundamental aumentar la producción.
Evidentemente se está haciendo lo contrario.
Nadie puede desconocer el efecto potenciador y colonizador de nuestra ganadería. Donde hay una vaca hay un hombre, una familia, un pueblo, se fomenta la dignidad y la cultura del trabajo y del esfuerzo. El Estado debe participar abriendo mercados, construyendo caminos, dando seguridad; es cada vez más difícil permanecer en el campo, donde el abigeato es moneda corriente y nunca o casi nunca se aclara. La escuela y la salud no deben estar ausentes ni lejanas del campo y su gente. Se deben construir acueductos y dotar de agua a zonas con un potencial importante de desarrollo ganadero, como Santiago del Estero, Chaco, noroeste santafesino, entre otras. Esa persona que maneja el cuchillo y el tenedor, que no es otro que el señor consumidor, debe saber que el hombre de campo siempre quiere llevar su producción a su plato, por ello estamos convencidos de que nos debe aprender a conocer y agradecer por tanto esfuerzo de permanecer en esta actividad y no dejarse engañar por fantasías.
Si nuestros vecinos crecen a paso sostenido, como Brasil, Uruguay y Paraguay, ¿por qué no lo podemos hacer nosotros?
Simplemente, reiteramos: no perdamos el tren, el momento es éste, ¿por qué seguir perdiendo posibilidades y postergando ilusiones en un país con la mejor genética y la carne más sana y de mayor calidad que existe en el mundo?



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