Para tener una idea de cuál es el nivel de inversión de la agroindustria argentina y qué efectos tiene sobre la economía del país, basta con revisar los números de las empresas que alcanzaron los beneficios de la Ley 25.924, una norma legal, sancionada en agosto del año pasado, que asigna beneficios fiscales por $ 1.200 millones anuales, bajo la forma de devolución anticipada del Impuesto al Valor Agregado y/o amortización acelerada, para inversiones en bienes de capital muebles u obras de infraestructura.
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El primer dato es que dieciséis de las treinta y seis empresas que resultaron elegidas para acceder a estos beneficios son agroindustriales, es decir que utilizan materias primas agropecuarias como su principal insumo. Allí aparecen al lado de las grandes exportadoras como Cargill o Louis Dreyfus, la arrocera Copra, la forestal Masisa, la citrícola Acheral, las lácteas La Ramada y Las Garzas o la vitivinícola Fincas Patagónicas. En total, estas dieciséis empresas invertirán $ 1.535 millones, lo que generará 640 nuevos puestos de trabajo y exportaciones totales por u$s 1.504 millones. Las otras veinte empresas, que representan al resto de la industria local, incluyendo las ramas automotriz, metalúrgica, minera, gráfica, etcétera, realizará inversiones por $ 3.657 millones, generará 3.065 nuevos puestos de trabajo y exportaciones totales por u$s 1.567 millones. De estos números, surge claramente el perfil de cada uno de los sectores. Así, por cada peso invertido, la agroindustria genera exportaciones por un dólar, o sea una relación de tres a uno si se considera la misma moneda, mientras que la industria no vinculada a las materias primas agropecuarias genera 42 centavos de dólar por cada peso invertido, o sea una relación de 1,28 a uno. La estructuralidad exportadora del sector agroindustrial argentino se evidencia mejor cuando se consideran las exportaciones netas, es decir cuando se deducen de las ventas al exterior las importaciones que realizan esas empresas. De esta forma, mientras que las 20 industrias no agro prevén exportaciones netas por u$s 1.034 millones contra totales de u$s 1.567 millones (66%), la agroindustria proyecta exportaciones netas por u$s 1.501 millones contra totales por u$s 1.504 millones (100%). O sea que a los efectos de la balanza comercial argentina, la mejor colaboración proviene del procesamiento de las materias primas del campo.
En cuanto a la mano de obra directamente involucrada en las inversiones, la ecuación favorece a la industria no agropecuaria, que genera un puesto de trabajo por cada $ 1,2 millón invertido, en tanto que la agroindustria necesita casi el doble ($ 2,35 millones) para ocupar una persona. Por último, la relación entre costo fiscal e inversión resulta favorable al sector agroindustrial, dado que por $ 148,4 millones que el fisco asume como costo entre devolución del IVA y amortización acelerada, recibe inversiones por $ 1.535 millones (una proporción menor a 10%), en tanto que en el resto de la industria el costo fiscal de los $ 3.657 millones de inversiones comprometidas es de $ 947 millones (26%); incluso si no se tomara en cuenta el caso de Aluar Aluminios Argentinos, que con $ 1.947 millones de inversión y $ 690 millones de costo fiscal tiene un impacto muy alto en este régimen, la proporción seguiría siendo favorable para la industria vinculada al procesamiento de materias primas agropecuarias.
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