Problema de la carne es también cuestión social
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Porque mientras en los grandes centros urbanos el teléfono es un bien ignorado, cuando nos alejamos a 10 km del pueblo en el campo no tenemos señal y es un bien deseado para comunicarnos con el exterior. Porque mientras nuestros hijos cuando terminan el secundario se tienen que ir a 100 o 200 km de nuestra casa para seguir estudiando con un costo de $ 600 por mes, en las grandes ciudades muchas familias tienen a sus hijos en sus casas, sin gastos extra en comidas ni alojamientos cuyo costo no es tenido en cuenta.
Y esto es lo que escuchamos: «sin rentabilidad en lo que producimos, nos están quitando nuestra condición de vida, el estudio de nuestros hijos y el orgullo de cumplir con nuestra obligación de producir alimentos. En definitiva nos están quitando nuestra dignidad y eso no lo podemos permitir».
Me animaría a decir que estas últimas medidas nos traen esperanza. Esperanza que el gobierno haya comprendido que esto no es una cuestión de tener más o menos plata, esto es una cuestión «de vida». Si junto con estas medidas no van en forma inmediata otras para recomponer la rentabilidad del sector, tendremos que decir que fue falsa nuestra expectativa y nuestra interpretación de que entendieron el problema real de la ganadería.
Si no es el gobierno, que en definitiva nos llevó a esta situación, el que toma la manija para reacomodar el precio del novillo en pie, aprovechando que en las carnicerías bajó tan sólo 10% el valor de la carne, mientras el kilogramo vivo bajó casi 40% y esa diferencia de 30%, que alguien se la comió, debe volver al bolsillo del productor, todo esto de nada sirve.
Porque con seguridad que con cada aumento de 4 o 5% en Liniers van a venir las historias de que el frigorífico o el carnicero «no pueden absorber los aumentos».
Estas medidas complementarias tienen que estar dirigidas en dos sentidos, primero, que la ganadería vuelva a ser un negocio y, segundo, que se tenga certidumbre en este negocio. No se puede producir ni invertir sin saber qué va a pasar mañana y en este sentido el gobierno debe dar un mensaje claro al productor.
No nos olvidemos que estos meses no sólo perdimos de exportar u$s 400 millones y la credibilidad de nuestros compradores, sino que estamos mucho más pobres.
La ganadería argentina se descapitalizó en 40%. Si antes nuestros 55 millones de cabezas a $ 1.000 de promedio teníamos un capital de $ 55 mil millones, hoy a $ 600 por cabeza nuestro capital es de alrededor de $ 30 mil millones, es decir, perdimos $ 25 mil millones. Y junto con esta descapitalización se perdió en 40% nuestro poder de compra, perdimos no sólo la oportunidad de seguir invirtiendo en el campo, sino que vemos el riesgo de perder la posibilidad de una vida digna, produciendo y habitando este interior ávido de desarrollo.
Si el gobierno entiende que el problema es totalmente social y junto con este último anuncio toma las medidas correctas, no me cabe la menor dudan de que el problema ganadero quedará en la historia como algo que fue y se solucionó. En caso contrario seguiremos defendiendo nuestra dignidad, porque la dignidad en ninguno de los casos es negociable.


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