Sin apoyo, el agro no puede competir
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EE.UU. posee legislación agrícola desde fines de la Segunda Guerra Mundial, si bien los primeros antecedentes se remontan a la década del '30. Resultado de esa política agrícola es su amplia preeminencia en el mercado mundial de estos productos. La base de la misma ha sido el otorgamiento de ventajosas facilidades para producir a sus agricultores y además una batería de instrumentos que fomentaron la colocación de su producción excedente en el mercado mundial.
Mientras tanto, la Argentina mantiene un sector agroindustrial con una «política» basada en la imposición de retenciones a la exportación, que le restan al ingreso de los productores alrededor de 2.000 millones de dólares. Le impone, a una actividad básicamente exportadora, un IVA de 21% y como el Estado no reintegra en tiempo y forma determina que los productores reciban sólo 90% del precio de su producto, mientras el otro 10% se licua al ritmo de una inflación incontrolable, lo cual implica un recorte de ingresos del orden de los u$s 500 millones. No le ofrece ninguna salida a la crisis de financiamiento que afronta el sector y no practica un adecuado control normativo que impida las ventajas que un mercado naturalmente oligopólico facilita a los sectores demandantes. El aporte tecnológico estatal se limita al esfuerzo, sin dudas muy valorado, que un grupo de profesionales del INTA logra hacer, a pesar de los intentos que durante los últimos años muchos funcionarios han hecho para desmantelar el organismo. Además se provocó y permitió la casi desaparición de mercado de futuros, herramienta vital en el desarrollo de esta actividad. Por eso, debemos evaluar si no estamos equivocando el enfoque del «enemigo».
(*) Consultor privado. Ex gerente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.



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