18 de diciembre 2000 - 00:00

A Boca le sobró pasta de campeón

A Boca le sobró pasta de campeón
Seis meses le alcanzó a Boca para lograr un tricampeonato. La historia comenzó el 21 de junio cuando logró la Copa Libertadores, siguió el 28 de noviembre cuando en Tokio venció al Real Madrid y ayer le puso la frutilla al postre venciendo a Estudiantes en su cancha, aunque a decir verdad no lo necesitó porque cayeron River y Talleres, los dos que afilaban uñas para tratar de ganar en la última fecha, lo que habían perdido mucho antes.

Lo cierto es que no importa ya la pelota que sacó Córdoba en un cabezazo envenenado de Farías, ni el eficaz despliegue de Serna en un mediocampo que hizo suyo desde el comienzo, ni las discusiones inútiles de Guillermo Barros Schelotto, o el toque sutil de Riquelme cuando le dio signo distintivo a un manejo que está por encima de los demás. Boca se sintió tan cómodo ante este Estudiantes que pareció darse cuenta que mientras corrían los minutos sólo debía preocuparse por no tener fisuras por donde pudiera aparecer alguna esporádica individualidad del rival.

Estudiantes pareció haberse unido a la fiesta porque cuando tuvo la pelota en la zona media, prime-ro la manejó lateralmente y en lugar de buscar -por lo menos ganar unos metros-para encontrar campo fértil para el remate, todos procuraron el remate de distancias imposibles, para colmo de sus males tampoco encontraron en esos envíos el camino del arco. Boca no jugó tanto. Más bien si su objetivo fue el de esperar, como sabiendo el resultado de afuera y lo que podía ocurrir dentro de la Bombonera.

Por eso luego del silbato final de Angel Sánchez hasta el grito de euforia pareció no tener la potencia de otras veces. Simplemente porque si a un equipo no lo lastiman es lógico suponer que en cualquier momento llegaría el desnivel. El que llegó tras un remate que al arquero Tauber se le escurrió entre manos y piernas, para ganar mansamente la red. Ese gol ya ponía fin a toda especulación que pudieran procurar los seguidores: sea la gente de Núñez o los esperanzados cordobeses. Lo demás pareció ser de compromiso. Por momentos tedioso cuando Boca no ponía la pelota contra el piso para intentar vía Guillermo o Riquelme generar algún ataque serio. Tanto que esta vez Palermo (más allá de dos cabezazos que pudieron tener destino de gol en la etapa inicial) fue un espectador de lujo. Aunque a decir verdad era como que a Boca le sobraba con la subida permanente de Ibarra por derecha y -en menor grado-por Fagiani por el lateral izquierdo.

Lo que muchos pensaban en la semana fue una realidad. Boca ganó el campeonato en la fecha pasada. Cuando perdió con Chacarita y River no pudo con Huracán.
Se sabía que revertir las condiciones de local y visitante podía ser vital. Tanto que River cayó con Lanús y Talleres (una vez más) demostró que es tan imbatible como local como endeble como visitante. A pesar que Boca desde Tokio a esta parte había bajado los decibeles futbolísticos con dos derrotas consecutivas (la primera fue con Independiente y por amplia diferencia).

Sin embargo Boca mostró durante el año otros atributos. Fortaleza en la marca a pesar de la baja que significó la ausencia de Samuel, solvencia contagiosa en la entrega hasta cuando Serna tuvo que mirar desde afuera por una lesión, velocidad cuando Bianchi le dio cabida al «Chelo» Delgado y hasta tuvo tiempo de esperar alguna «nana» de Riquelme y de Guillermo siempre encontrando un suplente para jugarse en algún momento difícil, o jugán-dose con Palermo y Barijho cuando las cosas no salían como se pensaba.

Eso fue Boca. La conjunción de fuerza, potencia, garra y siempre una cuota de fútbol, para sustentar algún error de Córdoba (como los hubo), alguna falla defensiva o elaborar alguna fórmula para sustentar alguna baja anímica cuando el equipo debió soportar la presión de jugar tres torneos y superponer fechas en la instancia final. Por eso Boca le sacó una luz a todos y simplemente por eso es el campeón. Así de fácil.

Boca:
Córdoba; Ibarra, Bermúdez, Matellán, Fagiani; Gustavo Barros Schelotto, Serna, Basualdo; Riquelme; Guillermo Barros Schelotto y Palermo. DT: Bianchi.

Estudiantes:
Tauber; Prátola; Quatrocchi, Azconzábal; Bezombe, A. Zapata, Osorio, H. Cardozo; Pompei; Farías y Galletti. DT: Craviotto.

Gol:
ST 19m Arce (B).

Cambios: ST Arce por Gustavo Barros Schelotto (B), 29m Burdisso por Arce (B), 31m Cejas por Zapata y Aguilar por Cardozo (E), 39m Hanuch por Bezombe (E), 42m Barijho por Guillermo Barros Schelotto (B).

Estadio:
Boca.

Arbitro: Sánchez.

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