Boca tuvo muchos contratiempos: comenzó ganando, Sporting Cristal le dio vuelta el partido en pocos minutos y con muchos errores, aunque con muchos sacrificios alcanzó el empate y el triunfo con un gol que pareció «de otro partido» de Barros Schelotto. Ahora, espera la revancha con más tranquilidad y otras perspectivas.
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Seguramente Bianchi debe de haber pensado que era mejor la cautela que cualquier otro argumento en este partido con Sporting Cristal. Tal vez previendo el buen manejo que suelen mostrar los equipos peruanos. Que no era resignar el ataque, pero sí provocar un « pressing» en la zona media para restarle comodidad en la salida a su oponente. Boca se fue haciendodueño de la situación y consiguió un mayor volumen de juego. Lo hizo a través de un mediocampo que contaba con el desprendimiento de Clemente Rodríguez que, en doble pared con Cagna, le dejó la pelota servida a Tevez para abrir el marcado. Sin embargo, Boca se fue quedando sólo en intenciones, porque no tuvo el aporte que suele recibir de parte de Jerez, Villarreal o Vargas, y mucho menos Barros Schelotto.
Por perder reiteradamente la pelota en la zona de enlace, Boca debió pagar un precio muy alto: en cuatro minutos Sporting Cristal le dio vuelta el resultado. Primero, por uno de los tantos cabezazos que llegaron al área y que peinó Bonnet; y luego, con un remate de media distancia de Quinteros.
Ese cierre del primer tiempo tal vez resultó como punto de inflexión porque en el complemento Boca pareció un equipo apurado, frontal, sin muchas ideas. Boca fue igual con mucha gente, sabiendo que el empate y, tal vez, el triunfo estaban cerca. El ingreso de Donnet y Calvo (autor del gol del empate) hizo que Boca comenzara a utilizar los laterales, y, cuando todo parecía sellado, Barros Schelotto sacó un remate combado y decretó un triunfo que fue premio para el que hizo mejor las cosas.
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