4 de julio 2006 - 00:00

Ciencia demuestra ventaja de ser local

Antes del Mundial 2006, los hinchas de Alemania eran pesimistas sobre sus posibilidades; pero con su empuje, los triunfos y algún sustento científico de que el anfitrión tiene más oportunidades, deben estar confiados de cara al duelo de semifinales ante Italia, hoy, en Dortmund.

Las estadísticas y los científicos señalaron que ser anfitrión es una poderosa arma.

Un estudio de la FIFA sobre más de 6.500 partidos internacionales de alto nivel indicó que en casi la mitad ganó el local, y sólo en un cuarto, el visitante. El resto terminó en empate.

Psicólogos y sociólogos están de acuerdo en que el apoyo del público local ayuda al equipo, quitando cansancio e intimidando al rival, especialmente al arquero.

De 17 copas del mundo disputadas hasta el momento, seis fueron ganadas por el país organizador: Uruguay en 1930, Italia en 1934, Inglaterra en 1966, Alemania en 1974, Argentina en 1978 y Francia en 1998. Dos anfitriones (Brasil en 1950 y Suecia en 1958) fueron finalistas, y tres alcanzaron las semifinales: Chile en 1962, Italia en 1990 y Corea del Sur en 2002.

El psicólogo especializado en deporte Alan Nevill, de la británica Universidad de Wolverhampton, puso como prueba un video de 47 supuestas infracciones a un grupo de árbitros calificados y preguntaba si eran falta o no.

Los réferis fueron separados en dos grupos. Uno podía escuchar los gritos del público, mientras que el otro miraba sin sonido las imágenes.

Ninguno de los voluntarios vio la decisión igual que la del árbitro de campo. Los que miraron el video con sonido del público tuvieron una tendencia a castigar menos al local. A partir de allí, Nevill cree que el público es factor de presión. «Para sacarse al público de las espaldas, optan por el 'siga'», sugirió.

Otra teoría que envuelve a los jugadores es que el aliento de su hinchada eleva el nivel de testosterona entre los jugadores locales.

Nick Neave y Sandy Wolfson, de la Universidad de Northumbria, en el nordeste de Inglaterra, tomaron muestras de la saliva de los jugadores de la selección Sub-19 en Gran Bretaña. Estas se extrajeron antes de tres entrenamientos, en dos partidos de local y en dos de visitante. Los encuentros se jugaron contra dos rivales: uno moderado y otro más fuerte. Los niveles de testosterona de la saliva tenían un índice promedio antes de los entrenamientos y de los partidos en el exterior. Pero subían en 40 por ciento antes de los que se disputaban en casa y 67 por ciento en casa contra el adversario más potente.

«Sabemos que la testosterona está asociada al dominio y la agresión en los animales», indicó Neave. «Estamos tratando de encontrar lazos entre los resultados y la territorialidad. La hipótesis es que si juegas en casa, se está defendiendo el territorio propio. La testosterona de los arqueros incluso es altísima, porque obviamente es el que encarna la defensa propia», comenta.

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