Con dos asistencias de Messi, Barcelona ganó en Portugal
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Lionel Messi, otra vez figura. Si no hace los goles, los hace hacer.
Benfica, que presentó un bloque muy compacto en apenas 25 metros, apretó en la presión y supo buscar los espacios a la defensa visitante.
En una recuperación de pelota -celebradas en La Luz casi como un tanto de los locales-, el brasileño Bruno César probó a Víctor Valdés antes de que Nicolás Gaitán demostrase el poder de su zurda.
Una asistencia del ex Boca Juniors dejó al brasileño Lima en un mano a mano ante Valdés, que desbarató el disparo con las piernas.
Barcelona no estaba cómodo y optó por el recurso del pase en largo, denostado en un equipo que privilegia la posesión larga y los pases en corto.
En una de las ocasiones más francas, Xavi Hernández descubrió a Sánchez entre la defensa de Benfica, pero el chileno remató por encima del travesaño.
El propio Sánchez, autor del gol 800 de Barcelona en la Liga de Campeones, intervino en otro de los acercamientos más claros. Un centro suyo lo remató fuerte y raso Pedro, pero el arquero brasileño Artur le negó el gol.
Los locales perdieron fulgor en el último tramo del primer periodo. Un fallo de Artur y un despiste defensivo de Eduardo Salvio estuvo cerca de costarle otro tanto a Benfica, que ya solo creaba peligro de pelota parada.
El omnipresente Sánchez regresó al primer plano después del intervalo. Recogió un pase de Fábregas y remató desviado a la derecha de Artur.
Benfica, ya con el mediocampista portugués Carlos Martins en cancha, se recogió en su campo arrastrado por la mayor intensidad de Barcelona. Por ese entonces, el serbio Matic y Ezequiel Garay se mantenían como baluartes del equipo.
A los 55 minutos, Messi regaló su enésima genialidad. Recibió en el centro del campo, efectuó su imparable slalom, se libró de la marca de al menos tres rivales y abrió a la derecha, donde Fábregas definió con calma.
Los locales, empujados por su incansable hinchada, intentaron responder con un disparo lejano de Salvio que contuvo sin inconvenientes Víctor Valdés, y con acciones de pelota parada.
El ingreso de Pablo Aimar, ídolo confeso del propio Messi, agitó por instantes el mustio ataque encarnado, pero el efecto se desvaneció en cuanto Barcelona hizo alarde de su dominio del toque y la pelota sin parar.
Los catalanes se aferraron a su típico juego de triangulaciones y desmarques a dos toques y el partido se terminó allí, aunque el juego continuaba. Messi, en su versión solidaria, inyectó otro soberbio pase de primera a Pedro antes de cabecear llovido un centro Jordi Alba, bien defendido por Artur.
A las genialidades del argentino se unió el talento de Andrés Iniesta, que jugó cerca de 20 minutos y desplegó su excelsa técnica y su capacidad de hacer jugar a los demás.
A quince minutos del final, la lesión de Puyol estropeó la noche tranquila de Barcelona. En un centro, cayó con todo el peso de su cuerpo sobre su brazo izquierdo y sufrió la luxación del codo, su tercera lesión en los últimos meses.
La expulsión de Busquets, por supuesta agresión, a falta de tres minutos del final fue otra mala noticia para los españoles que tomaron la cima del grupo G con puntaje ideal sobre dos partidos jugados.



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