¡Dejen a Sharapova gritar!

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«¿Es María Sharapova una tramposa?», es el título de un reportaje que publica ayer el diario «Herald Sun» en el que se pregunta si la tenista rusa, ya en la final del Abierto de Australia y número uno del mundo a partir del lunes, hace trampas al utilizar sus gritos para perturbar a sus oponentes.

«Los puristas creen que sí, arguyendo que los constantes gritos de la rusa no son más que un arma cínica utilizada para distraer a las rivales», señala el diario de Melbourne.

Más allá de lo que dice el periódico, hay presiones reales de los entrenadores de sus competidoras para sancionar o limitar los gritos de la joven tenista.

«En cierto momento, John Newcombe describió el comportamiento de Sharapova como una 'trampa legalizada', porque uno de los grandes sentidos que se tiene en una cancha de tenis es la habilidad para escuchar cuándo la bola sale despedida de la raqueta rival.»

«Hace dos años, en el torneo de Wimbledon, los gritos de Sharapova alcanzaron los 101 decibeles en la máquina que mide la intensidad que se utilizó para calcular los de Mónica Seles» en su tiempo. «Los de Seles alcanzaron los 93,2 decibelios», añade «The Herald Sun».

«Los gritos de Sharapova se comparan, casi al mismo nivel, con los de una sirena de un coche de policía a una distancia muy cercana», dice.

«El volumen de los gritos de Sharapova en el partido contra Vera Zvonareva fueron casi insoportables, y también contra Anna Chakvetadze.»

La suiza Martina Hingis ha descrito a la rusa como «una culebra por sus cualidades de lucha» y el diario añade que los gritos podrían haber alcanzado tal nivel, «debido a que se estaba enfrentando a una compatriota».

«¿Es agradable observar a María Sharapova desde las tribunas o frente a un televisor?». Aquellos que la siguen por televisiónpor lo menos pueden bajarel volumen».

«¿Merece María Sharapova ser la número uno del mundo?.» «Sin ninguna duda», responde el diario, que afirma: «Sharapova polariza la comunidad del tenis como muy pocos tenistas lo pueden hacer». Sus gritos son tan famosos que son usados como ringston para teléfonos celulares.

«John McEnroe fue admirado y condenado en igual medida. El neoyorquino turbulento fue idolatrado por los rebeldes y criticado por los conservadores, horrorizados con sus excesos.

Sharapova no se acerca a este abuso en cuanto a los árbitros y a la intimidación de los rivales que ejerció McEnroe, pero transita por una línea muy fina con sus gritos intolerables», dice.

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