Tiger Woods está enfrentado con PGA de Estados Unidos porque entiende que esa entidad no le reconoce lo que debe percibir por ser el factor preponderante de un incremento en las ganancias y un sponsoreo -como nunca ha tenido- por su intervención que favorece a la entidad. En otras palabras, pide que se renegocien los contratos.
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En ese sentido se lo consultó al director ejecutivo de la PGA estadounidense, Tim Finchen, que apeló a sus innegables habilidades diplomáticas cuando se le consultó acerca de los nuevos contratos que exige Tiger Woods para el año que se avecina.
El dirigente -haciéndose el distraído-respondió que efectivamente se están renegociando otras cifras de dinero con la empresa IMG, que representa los intereses de Woods-Inclusive comparó esa situación con la que afrontaba la NBA cada vez que debía sentarse a negociar con la megaestrella Michael Jordan.
Confiado en arribar a una rápida solución, Fin-chen prefirió luego derivar la conversación hacia otros temas involucrados con la reciente Copa del Mundo, que se celebró en la cancha del Buenos Aires Golf. Sin embargo, no todo parece ser tan apacible en el firmamento del Tour de los Estados Unidos.
En estas diferencias con Tiger Woods los números hablan por sí solos: durante el transcurso del corriente año se calcula que ochenta por ciento de la publicidad que distribuyó la PGA se hizo exhibiendo la figura de Woods. Es más, la televisión estadounidense reveló que las cifras de audiencia al menos se duplicaron en el pasado Masters de Augusta, precisamente por la presencia del número uno del mundo.
Ante una realidad tan incontrastable, nadie, ni la poderosa PGA, desea alterar las relaciones con esa máquina de hacer dinero (es decir Woods) y no son pocos los que piensan en la posibilidad de una asociación entre la entidad de los profesionales y Woods para la temporada próxima. Algo que parece difícil aunque no imposible.
Mientras tanto, en la Argentina ya han comenzado a sentirse los saludables efectos del Mundial. Luego de la exitosa convocatoria de público que generó el evento, las promesas que los directivos extranjeros le hicieron en su momento a Jorge De Luca, presidente de la PGA de Argentina (le aseguraron que si el mundial salía bien se podrían realizar en el país otros torneos internacionales) da la sensación que ahora se pueden concretar. Se refería a un torneo del Tour Europeo que podría disputarse en marzo del 2001 en Buenos Aires (como se hizo este año con los dos torneos que se llevaron a cabo en Brasil). Más, podría también ser sede en el 2002 de una plaza (que ya está en estudio) para que se juegue uno de los torneos Andersen Consulting, Nec Invitational y American Express, que junto a la Copa del Mundo forman el World Golf Championship.
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