3 de agosto 2004 - 00:00

El fútbol está de duelo: murió Pastoriza

«El fútbol es mi vida, mi amor», era la frase que repetía con asiduidad José Omar Pastoriza como agradecimiento por todo lo que le dio este maravilloso deporte. En una gran porción de sus 61 años de vida vivió, respiró y palpitó fútbol. Hasta que la muerte, tan traicionera como inesperada, se lo llevó a pocas horas de volver a calzarse el buzo de técnico para dirigir una nueva práctica de su querido Independiente.

La información fría dirá que Pastoriza murió de un paro cardíaco a las 5.30, mientras descansaba en su departamento de la calle Aime Painé 1665, de la zona de Puerto Madero.

Pastoriza nació en Rosario el 23 de mayo de 1943, debutó como jugador en Colón de Santa Fe y después -entre otros clubes- pasó por Racing, Independiente y por el fútbol francés, donde vistió la camiseta de Mónaco. Era un mediocampista por el sector derecho de gran manejo y fina pegada y motorizó la participación del gremialismo en el fútbol, siendo artífice de un recordado paro de futbolistas que tuvo lugar en 1972.

Como jugador consiguió con Independiente los campeonatos locales de 1967, 1970, 1971 y la Copa Libertadores de 1972.

En su función de director técnico se adjudicó los antiguos Nacionales de 1977 (le ganó aquella recordada final a Talleres, donde Independiente término con 9 jugadores, en Córdoba), 1978, 1983 y dos torneos internacionales: la Copa Libertadores de América y la Intercontinental, ambas en 1984. El último período de Pastoriza en el banco de Indepediente concluyó en 1991 sin logros deportivos. Anteriormente había dirigido a Racing y a Boca y después trabajó en Argentinos Juniors, en el seleccionado de Venezuela, en Chacarita y en Talleres, y nuevamente volvió a Independiente, a partir del pasado campeonato Clausura.

En su vida privada debió superar algunos escollos y contratiempos, que él mismo se propuso esclarecer. Pastoriza fue un personaje querible por su perfil de «tipo con calle», aunque paradójicamente todos lo consideraban «un señor», porque parecía que se contradecían su forma de hablar y el manejo de grupos, donde hizo de la amistad un culto y del fútbol un juego.

Sus restos fueron velados hasta ayer a medianoche en el gimnasio Bottaro de la sede de Independiente y hoy a las 6 serán trasladados a Rosario, donde serán inhumados en un cementerio privado.

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