La difusión excesiva de la letra K como recurso gráfico por imperio del apellido presidencial llegó también al arte: para promocionar sus shows, el bailarín Iñaki Urlezaga eligió destacar con tamaño casi catástrofe y en tinta roja esa letra como atractivo sobre el resto de los afiches. Quizá, como Kirchner, quiera presumir de encarnar una revolución en la danza. O se trata simplemente de contribuir a la reivindicación de la K, por extranjera poco querida en estas tierras.
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