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Acasuso, 48 del ranking, se despertó de a poco, y Verdascó sintió la presión al entregar con dos doble faltas su servicio para darle al argentino una ventaja de 2-0 en el inicio del segundo set.
El argentino comenzó a asumir el control del partido, consciente finalmente de que estaba jugando sobre una superficie veloz, y no en la arcilla que tanto le gusta. Ajustó sus golpes, atacó la pelota y el partido cambió.
El banco argentino era tensión pura. David Nalbandian y Agustín Calleri observaban el partido juntos y cada tanto intercambiaban alguna sonrisa, imagen-desmentido al altercado que habrían protagonizado ayer tras caer en dobles. Separado de ellos por tres integrantes del cuerpo técnico, Juan Martín del Potro seguía el choque que él debió jugar de no haberse lesionado.
Verdasco contribuía a la resurrección de Acasuso encadenando una llamativa cantidad de doble faltas, mientras la hinchada argentina contagiaba incluso al palco oficial con sus cánticos sin tregua.
Hasta que Acasuso volvió a fallar con su saque, y en vez de adelantarse 5-2, quedó 4-3 con Verdasco respirándole en la nuca. Minutos depués Acasuso apretaba el puño y saltaba al quebrar para 5-3: igualar el partido estaba en su mano.
Pero no. Otro saque quebrado, más incertidumbre en un fin de semana marcado por las a veces increíbles oscilaciones en el marcador. Cinco iguales, ¿quién se llevaría el set? La respuesta llegaría en el tie break.
Allí Acasuso se jugó la vida y obtuvo el premio por ello: 7-3 y todo igualado tras 99 minutos de partido.
Acasuso se fue al vestuario, mientras Verdasco se quedaba en su banco y la barra brava -si es que eso existe en tenis- enfrente, le dedicaba un cántico personalizado: "¡Lo damos vuelta!".
El segundo punto del tercer set pareció darles la razón. Verdasco conectó un smash que, desde el último rincón de la cancha, Acasuso devolvió con violencia para poner la pelota en el ángulo opuesto.
Euforia argentina, Acasuso ya era otro, y el sueño de un quinto punto con Nalbandian en la definición se acercaba, porque Verdasco entregaba su servicio con su séptima doble falta.
El argentino llevaba ganados apenas cinco partidos desde el US Open, pero hoy, tras los nervios y las ataduras iniciales, demostró entender que a sus 26 años estaba jugando el partido de su vida, una revancha de aquel que no estuvo lejos de ganar al ruso Marat Safin en el quinto punto de la final de 2006 en Moscú.
Tras quebrar en el inicio del tercer set el 4-2 de Acasuso se transformó en 4-4 con un valiente Verdasco que se comió los espacios hasta definir en la red. Pero una furiosa derecha paralela en devolución situó al argentino con 5-4 y su saque ante el delirio del público.
Con un ace a 208 kilómetros por hora Acasuso se llevó el 6-4 tras dos horas y 35 minutos de juego. En el cuarto salió impulsado por la confianza que le daba estar en ventaja, pero un par de errores le costaron su saque y Verdasco vio repentinamente la luz al servir 4-2.
Acasuso tuvo break point y la posibilidad de devolver la gentileza, pero Verdasco se impuso hasta servir 5-3. Con un drive furioso nacido en su zurda se llevó el set por 6-3. Tras tres horas y 20 minutos de juego, el quinto set definiría todo, incluso quizás el nombre del campeón.
El argentino fue atendido por el masajista en la zona abdominal en el comienzo de un set que abrió perdiendo el saque, desventaja de la que ya nunca se recuperó. Era el principio del fin argentino y el inicio del festejo español. Una implacable derecha paralela de Verdasco marcó a las 16:08 local el estallido del inesperado triunfo de un equipo que ahora se sabe capaz de ganar incluso con Rafael Nadal lesionado y de vacaciones.




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