Ferrer apeló a su garra y venció a Almagro en la final
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La copa en alto. Ferrer festeja una semana perfecta en Buenos Aires.
El encuentro se niveló para abajo y la calidad comenzó a decaer. Pero el juego dio lugar a la batalla, ahí donde Ferrer se hace fuerte. Abajo en el marcador, salió a pelear mano a mano, y en esa, él era el que más recursos tenía.
Lo fue aniquilando a Almagro desde lo anímico, que pudo levantar varios set points en contra gracias a su estilo prepotente, pero ya se había caído. Ferrer cerró el parcial con su saque en 6-3. Llegaba la batalla final.
En el mundillo del deporte blanco se suele decir que el partido no termina hasta que el juez avala el último punto. Hay excepciones, como esta final. Almagro tuvo sus chances en el primer game del set con Ferrer al saque, pero el no poder torcer la historia para su lado sentenció su suerte.
En el 1-1, "el David español" se quedó con el servicio de Almagro y allí concluyó la historia. Había asestado el golpe definitivo. Y un gladiador lo sabe, o cuanto menos lo intuye.
Volvió a quebrar en el 3-1 apurando a su rival y desde entonces Almagro no tuvo la reacción suficiente para volver. Así, Ferrer controló el juego en "punto muerto".
Al final, en suma, fue 4-6, 6-3 y 6-2 para el de Valencia, que tanto buscó y tanto agradeció haber ganado en Buenos Aires. Ganó el que nunca se cansó de pelear. Ganó el Gladiador.



