Independiente ganaba el clásico. Hubo incidentes en tribuna de Racing y se suspendió
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El partido tuvo un arranque vertiginoso con una llamada de atención en cada arco.
El primero fue sobre el arco de Racing con un disparo de Juan Eluchans y de inmediato en la valla defendida por Oscar Ustari, que salvó su caída ante Gonzalo Bergessio, dos veces en la misma jugada.
Sin respiro, a los 6 minutos llegó una acción que disveló el marcador.
Gustavo Cabral tocó una pelota con la mano, tras un córner, Elizondo sancionó penal y Montenegro, con categoría, decretó la apertura.
Racing quedó muy confundido e Independiente se convirtió en el dueño absoluto del clásico con un asedio continuo hasta los 20 minutos de juego.
El local proponía rápida circulación de la pelota, apertura por los costados y precisión en los pies de sus hombres más dotados: Montenegro y Rodrigo Díaz.
Racing apenas oponía la vergüenza de Adrián Bastía, propenso a cometer faltas para detener el aluvión rojo que nacía en la mitad de la cancha.
Recién a los 24 minutos, el equipo de Reinaldo Merlo visitó nuevamente el área rival con un disparo de Maximiliano Moralez bien controlado por Ustari.
Después de esa acción, Sixto Peralta cobró mayor protagonismo en el partido e Independiente se retrasó algunos metros en el campo, aunque sin perder el control del clásico hasta el descanso.
Otro arranque furioso de Independiente definió la historia en el complemento.
Díaz avisó con un buen disparo de media distancia y a los 7m. colocó una preciosa asistencia que valió el segundo gol.
Montenegro escapó por el sector derecho, ingresó al área y al enfrentar a Campagnuolo, tocó al gol de cachetada con la cara externa del pie derecho.
El segundo gol transmitió la clara impresión de que el clásico se encaminaba hacia una goleada.
La gente de Racing lo presumió y, como suele ocurrir en el fútbol actual, "decidió" que el partido no siguiera.
La violencia ganó la escena, Elizondo no tuvo otro remedio que suspender el juego y los hinchas de Independiente reprimieron el legítimo deseo que celebrar la victoria como merecían.




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