2 de septiembre 2002 - 00:00

Independiente hizo un negocio redondo

Ganar en Liniers para nadie significa un simple resultado. Más, en los cálculos previos si uno habla «en privado» con los técnicos se dirá que la mayoría piensa que un punto es negocio. Independiente se llevó los tres y a esta altura este resultado significa un paso de importancia en el objetivo de pelear con los de arriba, aunque por abajo se dice --aun-que es poco creíble-también le sirve «para alejar el fantasma del descenso».

Para Vélez el asunto era distinto. Carlos Ischia (su técnico) sabía que el equipo estaba en franca levantada, que llegaba a este partido con un solo gol en contra. Es decir, que desde River nadie pudo convertirle tantos. Tal vez se sorprendió cuando a los tres minutos Silvera -sin marca-le puso la cabeza a un centro que llegaba desde la derecha, vía Serrizuela, y debió salir a buscar el partido.

Se podría decir que en esos pocos minutos y algunos después fue lo mejor de Independiente. Asentado en la seguridad de Milito (de gran labor), Franco y Domínguez. Buscando salida y recuperación de pelota por ese doble tándem que intenta Gallego con Castagno Suárez-Insúa y Guiñazú-Monte-negro para darle movimiento a la pelota, vaya por izquierda o por derecha.

Sin embargo, dio la sensación de que el gol pareció tener efecto psicológico. Independiente se retrasó unos metros y parecía que en esa circunstancia era como entregar pelota y terreno.

Vélez apareció como más compacto. Sólido en la estructura para salir y trabajar en tres cuartos de cancha, pero terminó en la individualidad de Nanni (de buen trabajo) que marcó el empate y tuvo tres situaciones favorables; y Husaín, aunque aislado, se las arregló para llegar al arco.

Independiente tuvo la virtud de pegar justo. Lo había hecho en el inicio y lo repitió en el final, cuando Franco peinó una pelota que superó a Sessa. Vélez hacía tiempo que no tenía ni aire ni pier-nas para salir a buscar el partido y Gallego comenzó a reforzarse en defensa. Dejando todo en función del contraataque, pero arriesgando tal vez demasiado, porque Vélez con errores se jugó las últimas cartas, aunque no le haya alcanzado.

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