La Selección se juega a todo o nada
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Mientras Pablo
Aimar y Juan
Pablo Sorín
eluden banderines
como si
fueran rivales,
Juan Román
Riquelme,
Fabricio
Coloccini y
Gabriel Milito
trotan para
estirar los
músculos en el
entrenamiento
argentino en
Leipzig.
Frente a Holanda, según Pekerman faltó eficacia. En los primeros dos partidos sobró. Argentina le marcó a Costa de Marfil sus dos goles, en sus dos primeros ataques y ante Serbia y Montenegro produjo nueve situaciones de gol y convirtió seis, por lo que este equipo en un «término medio» de eficacia puede marcar dos goles por partido con comodidad.
México juega con una línea de tres zagueros centrales en defensa, a la que se suman Mario Méndez del lado derecho y Gonzalo Pineda del izquierdo en forma ocasional, aunque los dos laterales prefieren atacar a defender, por lo que el negocio argentino va a estar por los costados aprovechando las espaldas de los laterales. Sorín y Maxi Rodríguez tienen que conseguir que ellos sean los perseguidos y no los perseguidores de Méndez y Pineda.
En cambio atacando México tiene «poder de fuego». Es muy difícil que esté Jared Borgetti, que se lesionó en el debut ante Irán y es temible por su juego aéreo, pero Bravo y Fonseca tienen velocidad y capacidad goleadora como para tenerlos en cuenta. La Volpe tiene también a Guillermo Franco, que no ha hecho un buen Mundial, pero que contra su país de nacimiento va a querer jugar un partido especial.
En definitiva es un partido accesible en la medida que el mediocampo consiga manejar la pelota, pero habrá que estar atento hasta el pitazo final del suizo Busacca.



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