2 de diciembre 2012 - 07:56

Los primeros 10k: una experiencia de superación

Foto: Prensa Nike
Foto: Prensa Nike
El running debe ser de los deportes más nobles para practicar, ya que lo que más importa no son las marcas ni los récords, sino la autosuperación. Competencias de 10 kilómetros como la We Run son ideales para que una persona entre al maravilloso mundo de correr y darse cuenta que si uno se lo propone las barreras que impone la mente pueden superarse, ya que ver a 15 mil personas corriendo por el mismo objetivo que se ayudan y alientan entre sí motiva a cualquiera. 

Correr 10 kilómetros no es imposible, pero sí requiere un entrenamiento básico y un mínimo de dedicación para lograr el objetivo. Algunos meses antes de la competencia, una persona debe comenzar a entrenar, corriendo a su ritmo entre 5 o 7 kilómetros, sin ponerse en la cabeza una barrera de tiempo, sino encontrando el lugar preciso para disfrutar ese lugar de esparcimiento y buscar como objetivo terminar ese trazado bien físicamente y con un resto para sentir que se puede más. Sin disfrute, entonces la actividad no tiene sentido y llevará inevitablemente a dejarla una vez que se logre el objetivo a corto plazo. 

Es imprescindible el disfrute en esta actividad que equipara al mismo nivel al físico y la mente, fundamental para seguir adelante esos kilómetros finales en los que las piernas dicen que no quieren más o que la meta parece muy lejana. Con el entrenamiento viene el interés por los movimientos, las técnicas y la vestimenta adecuada para cada ocasión, pero ese es otro tema. 

Llegado el día de la competencia hay dos cuestiones fundamentales a tener en cuenta: el descanso y la hidratación. Ambas son ineludibles para poder disfrutar de la carrera, sin pasar sobresaltos o sufrirla. Lo más importante de esta práctica es que uno compite contra uno mismo y no frente a los demás, por lo cual es prioritario estar bien preparado y mentalizado para encarar tan exigente prueba. 

Una vez comenzada la carrera la historia es otra y todos los papeles se queman. La alegría y la motivación de toda la gente que está alrededor te lleva para adelante y sin darte cuenta ya pasaste los 2 kilómetros como si nada. Allí es cuando uno comienza a competir contra uno mismo y es muy importante prestarle atención a las señales que comienza a enviar el cuerpo: cansancio, dolores musculares y la cabeza, que funciona como regulador para llegar hasta el final. A esto, hay que sumarle la obligación de prestarle especial atención a los puestos de hidratación, fundamentales aunque uno no tenga sed para mojarse y tomar pequeños sorbos para evitar problemas a futuro. 

Ya pasó media carrera, los espacios comienzan a abrirse y uno comienza a sentir esa satisfacción de que si se puede aunque sabe que todavía falta mucho y que ya realizó un gran esfuerzo, por lo que es importante no volverse loco y correr todo el tiempo al ritmo de uno, sin exigirse de más. Es por eso que más importante que el físico es la cabeza, que juega un rol fundamental en los últimos kilómetros para darse cruzar la meta, superar esa barrera personal, más allá de cualquier molestia física. 

Aparece el cartel de llegada, uno lo cruza y la sensación es indescriptible. A cada persona le pasan cosas diferentes. Muchas circunstancias, pensamientos e ideas se cruzan por la cabeza. En ese preciso momento uno conquista sus miedos y se da cuenta que se puede si uno se lo propone. Difícil es describirlo porque es algo muy personal, pero sí hay una palabra perfecta para definirlo: imborrable.

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