Maradona festejó los 50
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Maradona y la camiseta de la Selección, un romance que perdura.
Con la genialidad de su zurda supo forjar un camino lleno de gloria, con una Copa del Mundo en México 1986, en la que se erigió como el mejor "del universo", y también de algunos sinsabores, como el subcampeonato en Italia 1990 luego de un polémico y discutido penal sancionado por el árbitro Edgardo Codesal frente a Alemania en la final.
El debut en Primera División fue el 20 de octubre de 1976, por el Torneo Metropolitano de ese año, jugando para Argentinos Juniors, que perdió por 1 a 0 frente a Talleres de Córdoba. El astro ingresó, con la camiseta número 16 en reemplazo de Raúl Giacobetti en el inicio del complemento.
Años antes de su debut, Diego salía en los entretiempos de cada partido de Argentinos y en mitad de cancha se ponía a hacer malabares con el balón. A tal punto era su talento que hasta los hinchas rivales lo reconocían.
Posteriormente, llegó el debut en la Selección, un 27 de febrero de 1977 frente a Hungría, con tan sólo 16 años y como sustituto de Leopoldo Jacinto Luque.
Luego llegaría la frustración por quedar fuera del plantel que disputaría el Mundial de 1978, pero en la Copa del Mundoa juvenil de Japón 1979 formaría una dupla letal con Ramón Díaz y le darían al país el primer título en esa categoría.
En España 1982 se produciría su debut mundialista, aunque no de la mejor forma al ser expulsado por una terrible patada al brasileño Batista, en el partido que Argentina perdió 3-1 y quedó eliminada.
Después, llegaría su transferencia al Barcelona de España, donde pasó desapercibido en materia futbolística, pero con un "souvenir" que le dejó el vasco Andoni Goicoetxea, quien le fracturó el tobillo izquierdo.
Posteriormente, fue transferido al Nápoli de Italia, donde se ganó la eterna idolatría de los "tifosi", al llevar al equipo sureño a la gloria y a convertirse en uno de los mejores equipos de Europa.
Allí ganó dos ligas italianas, una copa de Italia y una Supercopa. En ese momento, nació el mito viviente, el Dios encarnizado en el hombre. Intocable e insustituible para los napolitanos, a tal punto que este sábado también le celebrarán el cumpleaños, más allá que Diego no podrá asistir.
Pasó el Mundial de Italia 1990, con su tobillo muy inflamado y un equipo herido que así y todo llegó a la final, el de los Estados Unidos 1994, en el que el plantel sintió el golpe anímico por su exclusión tras dar positivo un control antidóping.
Desfiló su magia por el Sevilla de España, Newell s y Boca, donde un día dijo adiós, cuando el genio le dio paso al mito.





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