La judoca Paula Pareto, que obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Beijing, regresó hoy a la Argentina y anticipó que luchará por "conseguir cosas" para sus colegas que compiten en el país.
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La joven de 22 años llegó esta mañana al aeropuerto internacional de Ezeiza y posteriormente ofreció una conferencia de prensa, en la que estuvo rodeada por sus afectos (su madre, su padre, su hermana Mirta y algunos jóvenes ataviados con la camiseta del club de sus amores, Estudiantes de La Plata) y reveló algunas de sus sensaciones sobre lo vivido en China.
"A veces los malos fallos te hacen perder una medalla y eso era lo que más temía", confesó casi con inocencia.
"Por eso les pedí a Dios y a los jueces que no se equivocaran, ya que estaba ante el momento más importante de mi carrera", amplió Paula, de 1.50 metros y 48 kilogramos de peso.
Pareto indicó que cuando vio que los árbitros la señalaban, al cabo de la pelea decisiva en la que obtuvo el bronce, tuvo "la impresión de que había ganado". "Claro que en principio el juez no me estaba dando el triunfo. Pero después cambió el fallo y me dio ganadora", contó.
"Esta fue la alegría más grande que viví, es obvio que lo diga. No se si alguna vez tendré otro igual", apuntó.
En cuanto a lo que se viene después de esta conquista, Pareto no abandonó su candidez a la hora de confiar que "mucha gente del ambiente" le sugirió que vaya "a hablar a la Secretaría de Deporte".
"Pienso ir y ojalá que se puedan conseguir cosas para el judo argentino, porque le hacen falta", se ilusionó.
La última sensación que Pareto compartió con los periodistas fue la que vivió en la villa, donde compartió muchos momentos con otros deportistas "monstruosos, como por ejemplo Emanuel Ginóbili y los chicos del básquetbol. Fue algo fabuloso", remató.
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