Pese al escándalo, Blatter zafó y fue reelecto al frente de la FIFA
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Blatter ganó sin el apoyo de Europa y Sudamérica.
"Los acontecimientos de esta semana han dibujado una sombra. Intentemos borrar esa sombra, no se puede admitir que la reputación de la FIFA sea arrastrada al barro", señaló Blatter.
El presidente superó quizá el más picante de su extensa lista de Congresos explosivos, después de dos días donde la misma celebración de las elecciones se tambaleó bajo titulares sobre redadas, detenciones policiales y sobornos de altos dirigentes de FIFA.
"Unos 1.600 millones de personas participan activamente en el fútbol. Es imposible controlar a todos", se defendió este viernes el suizo: un argumento incontrovertible si no fuera porque los siete detenidos el miércoles en Zurich en una operación anticorrupción no eran exactamente unos desconocidos.
Dos de ellos eran vicepresidentes de FIFA, el caribeño Jeffrey Webb y el uruguayo Eugenio Figueredo, mientras que el resto ocupaba cargos de alto nivel en federaciones o confederaciones. Después de 40 años trabajando en el organismo máximo, el suizo no podía negar que conocía a la gente con la que comparte el gobierno del fútbol.
Como descargo por el acoso sufrido en las últimas horas, el "Sepp" aceptó: "No soy un hombre perfecto, nadie lo es. Soy un hombre de fe, en Dios o en quien sea que creamos. Estoy fuerte, mi edad no es un problema. Hay gente de 50 años que parece vieja".
La operación de la policía suiza formaba parte de una investigación del Departamento de Justicia de EEUU, en el que 14 personas están acusadas de fraude y lavado de dinero, así como de pago y cobro de sobornos por los derechos de marketing de torneos internacionales.
"Por favor, deja la FIFA. Déjala estar", le dijo a Blatter el francés Michel Platini, jefe de la UEFA (Unión Europea de Fútbol Asociado). Eso fue, según reveló el exfutbolista, el jueves, cuando el escándalo de un día antes había incendiado los titulares y provocado reproches incluso de los patrocinadores de FIFA.
"Es demasiado tarde", le respondió Blatter, que sabe muy bien que las elecciones en la FIFA no se ganan en la prensa, sino en "petit comité", tejiendo alianzas y traicionándolas, haciendo promesas e incumpliéndolas.
Mucho de eso hubo durante la noche anterior al Congreso, en la que los whatsapps estuvieron activos hasta altas horas de las madrugada en los mejores hoteles de la ciudad.
Las dos regiones golpeadas por el escándalo, la Concacaf (Confederación del Fútbol de Norte, Centroamericana y del Caribe) y la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), que habían llegado con la idea de votar en bloque a Blatter, se dividieron en facciones. Unos siguieron fieles al suizo, otros le dieron la espalda.
Dentro de la Confederación Sudamericana, varios países decidieron quitarle el apoyo al dirigente suizo. En la noche del jueves, los integrantes de la delegación de Argentina deliberaron durante la cena y resolvieron acompañar la decisión de aquellos que irían en contra de "Sepp", por caso Chile y Uruguay.
Quien finalmente votó a favor de mantener el gobierno fue Brasil, respetando la decisión original de Conmebol de elegir a Blatter y asegurarse la media plaza para Rusia 2018.
Pero los votos que Ali pudo arañar en las Américas no fueron suficientes para contrarrestar el apoyo mayoritario a Blatter en África, Asia y Oceanía. Ni siquiera Europa votó unida por el jordano, como dejó claro el jueves el presidente ruso, Vladimir Putin, que salió en defensa de Blatter.
No en vano el suizo ha sostenido contra viento y marea la sede de los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, pese a que su polémica elección en 2010 sólo le generó problemas. La FIFA exoneró de sospechas de compra de votos a ambos países en una investigación interna, pero la justicia suiza está haciendo sus propias indagaciones.
Blatter se siente atacado por Inglaterra y EEUU, que también participaron en aquella adjudicación de 2010. "Si otros países hubieran salido del sobre, quizá no tendríamos hoy estos problemas", señaló el suizo, que insinuó que el momento de lanzar la operación policial tuvo motivaciones políticas.
"Está claro que no es muy positivo que todo esto salga a la luz justo antes de las elecciones. No quiero hablar de coincidencia, pero bueno, todo es posible", dijo Blatter en su discurso ante los delegados.
Sin embargo, ni la redada policial ni una amenaza falsa de bomba durante la pausa para comer pudieron frenar el Congreso electoral, el quinto que supera con éxito el suizo, que llegó al cargo en 1998 al derrotar al sueco Lennart Johansson.
En 2002 vivió otro de sus momentos más convulsos, cuando su propio secretario general, Michel Zen-Ruffinen, lo traicionó para apoyar al africano Issa Hayatou. Cinco años después fue reelegido por aclamación, mientras que en 2011 ganó después de que su rival, Mohammed bin Hammam, se retirara entre acusaciones de compra de votos.
Blatter superó la prueba de las urnas, pero sus problemas están lejos de haberse solucionado. La imagen y credibilidad de la FIFA sigue por los suelos y no parece fácil que con el suizo a la cabeza, eso cambie en el corto plazo.



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