Placer: Italia enmudeció a Alemania
Hasta ayer, sorprendentemente, la mayoría de los argentinos quería que el campeón mundial del torneo de fútbol, entre los que seguían en disputa, fuera Portugal. Los uruguayos, que no clasificaron, inicialmente querían que fuera Argentina. Cuando quedó eliminada, y pese a tanto enfrentamiento regional en épocas normales, aspiraban los dos rioplatenses que fuera Brasil. Al perder coincidió la preferencia por Portugal y lo peor sería que campeonara Alemania porque quedó el rencor de que eliminó al seleccionado local sin merecerlo y con alguna soberbia al final. Ayer, al ganarle Italia a Alemania, hubo alegría en todo el país y no sólo en la colectividad italiana. Aún se prefiere a Portugal -quizá porque nunca fue campeón- que dirimirá ser finalista hoy con Francia a las 16. Segunda la eligen a Francia y recién en tercer lugar a Italia a la que no se vio llegar con merecimientos a esta final. Pero la alegría compensadora vino con la derrota del equipo alemán, un país que organizó bien y su gente fue amable. Pero tiene antecedentes con Argentina como la final de 1990 donde le ganó al equipo nacional con un penal. Mundialmente el local, el que organiza, no es querido por suponérsele con ventajas.
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Parecía que Alemania iba a lograr llegar a la definición por penales, como lo había hecho ante Argentina, pero en un tiro de esquina apareció el lateral izquierdo Fabio Grosso por derecha y sin marca, y con un zurdazo cruzado venció a Lehmann. Faltaba un minuto, y cuando Alemania quiso reaccionar en un contraataque Gilardino habilitó a Del Piero, que definió con un toque de calidad ante la salida presurosa del arquero.
Italia consiguió llegar a la final como hace 12 años en Estados Unidos, cuando perdió en la definición por penales ante Brasil y sueña con su cuarto campeonato Mundial. En la tribuna una bandera decía: «En Italia 90, Alemania campeón. En Alemania 2006, Italia campeón» y puede llegar a darse porque los italianos fueron levantando su nivel partido tras partido y van a tener un día de descanso más que su rival. Un equipo con jugadores que no saben qué va a ser de su futuro, por el escándalo de las apuestas, pero que dentro del campo de juego se olvida de los problemas y demuestra su oficio y su categoría.




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