Preocupación por la reducida venta de entradas para el Mundial
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El ministro de Policía, Nathi Mthethwa, anunció investigaciones contra los responsables de la televisión. Entretanto se detuvo a uno de los entrevistados, un criminal condenado ya varias veces.
Los occidentales que leen los periódicos del país quedan consternados por la multitud de informes sobre delitos y violencia. La verdad estadística de que en Sudáfrica se cometen 30 veces más asesinatos que en Alemania toma forma concreta con noticias sobre muertes violentas, violaciones, robos a mano armada y tiroteos.
En la provincia de KwaZulu-Natal (de cerca 10 millones de habitantes) se detuvo en fechas navideñas a 49.000 personas, muchas de ellas por violación, asesinatos y robo.
"Cuando estuve en Sudáfrica aprendí que era mejor no salir solo por la noche", dijo hace poco el defensa internacional alemán Phlipp Lahm en una entrevista con el diario "Die Zeit". La criminalidad sigue siendo la faceta más fea de Sudáfrica y quizás la más intimidatoria.
Quizá sea un motivo de por qué la venta de entradas para el Mundial discurre de modo tan decepcionante. Una razón está clara: el vuelo al Mundial no será ningún placer barato para aficionados de Europa y Sudamérica debido a la enorme distancia que los separa de Sudáfrica.
Para impulsar la venta, la FIFA envió ahora e-mails a personas que no consiguieron entradas, pidiéndoles que los soliciten de nuevo. Aún hay tickets para los 64 partidos.
También en el país anfitrión la venta se ha estancado. Los sindicatos exigen una reducción de los precios, que para los sudafricanos van de 17,2 a 144 dólares. Hasta ahora se vendieron menos de un millón de los tres millones de entradas disponibles para el Mundial.
Sudáfrica deposita grandes esperanzas en el Mundial para impulsar la economía, dar alas al turismo, mejorar la reputación del país, la conciencia sobre Sudáfrica y de toda África.
Esas ambiciones se ven amenazadas ante todo por dos factores: los altos costos en época de recesión y la faceta oscura de la realidad sudafricana.
"La criminalidad se ha convertido en la mayor amenaza de nuestra democracia y libertad", se quejó el primer ministro de Kwazulu-Natal, Zweli Mkhize. "Podría hacer menguar la alegría por una fiesta de fútbol preparada de modo maravilloso en un país fascinante".




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