Marcelo Bielsa dio ayer la gran sorpresa al renunciar a la dirección técnica de la Selección argentina.
El círculo se cerró a la perfección, tal cual se había dibujado varios meses atrás. Luego de la eliminación del Mundial de Corea-Japón en la primera ronda, el crédito de Marcelo Bielsa como técnico de la Selección argentina se había cortado.
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Su encanto futbolístico pareció agotarse. Todos pidieron su salida inmediata y exigían su reemplazo por el exitoso técnico de Boca, Carlos Bianchi. Pero hubo una sola persona que lo apoyó a Bielsa y le renovó el contrato: Julio Humberto Grondona.
Todos los caminos indican que las razones económicas hicieron que Bielsa continuara en su cargo. La AFA le debía 1.700.000 dólares, que los dirigentes pretendieron pesificarle, y Bielsa se negó en forma rotunda.
El técnico tenía en sus planes alejarse si ganaba la Copa América, pero como Brasil le negó la posibilidad, se sintió herido en su amor propio y decidió jugarse su última carta en los Juegos Olímpicos.
Mientras Bielsa iba a Grecia en busca del oro siempre negado, la AFA programó un nuevo amistoso en Japón, con un seleccionado alternativo que fue dirigido por el ayudante del propio Bielsa, Claudio Vivas. Ese amistoso sirvió para saldar la deuda que la AFA mantenía con el técnico, y Bielsa pegó su gran golpe: presentó inesperadamente la renuncia.
El círculo se había cerrado a la perfección, como se había planeado: con Bielsa retirándose ganador y con la AFA sin deberle un solo centavo.
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