River revivió en la Copa Libertadores
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River no tuvo una buena actuación, pero como todas las miradas ya están puestas en Boca, su pobre producción futbolística pasó inadvertida, máxime si se considera que el objetivo de la victoria fue cumplido.
Si un afortunado rebote en el área no hubiese dejado a Cambiasso frente al arquero Gómez para abrir el marcador, la historia hubiese sido muy distinta.
Es que la victoria local, si bien fue justa, tuvo mayor vinculación con un guiño de la suerte que con un rendimiento que la sustentara.
El conjunto del entrenador riojano mereció el triunfo porque lo buscó -a diferencia del rival-, aunque siempre haya equivocado los caminos para lograrlo.
Sólo en el primer cuarto de hora, cuando explotó ambos costados de su ataque, River fue agresivo y estuvo cerca de convertir en tres ocasiones, mal definidas por Alejandro Domínguez y Juan Esnaider dos veces.
Luego y durante todo el partido, River fue un conjunto carente de conducción, inconsistente y inconexo entre sus líneas.
Lo favoreció que enfrente tuvo un adversario que no se propuso atacar jamás y que tampoco mostró solidez defensiva para mantener el cero en su arco.
De tanto atacar mal, el equipo de Díaz encontró un rebote, Cambiasso lo aprovechó y definió el partido cuando apenas se jugaban 4 minutos del segundo tiempo.
El resto del cotejo fue más de lo mismo: River decidió preservar algunas figuras para el superclásico, jugó mirando el reloj y, sin hacer demasiado, se topó con el segundo gol, convertido por Esnaider, quien anotó el ansiado primer gol desde su regreso al fútbol argentino.




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