Tal vez pocos saben o recuerdan que en la historia del tenis mundial existieron dos Roger Federer. Sí, dos tenistas, en una misma persona, con personalidades diametralmente opuestas.
Roger Federer, el "Bad boy" suizo que se convirtió en "Su Majestad" del tenis y llegó al Salón de la Fama
De adolescente era explosivo, rubio y fanático del heavy metal. Cambió su mentalidad, controló sus emociones y se convirtió en leyenda viva del deporte mundial.
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La consagración definitiva de Federer: entre lágrimas, ingresó al Salón de la Fama del Tenis
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Federer volvió al US Open con una exhibición junto a Roddick y emocionó al público
El broche de oro en la carrera de "Su Magestad" Roger Federer. De ser considerado un "Bad boy" en sus comienzos a terminar ingresando en el Salón de la Fama.
Este Roger Federer, que terminó siendo reconocido por su aura de caballero dentro y fuera de los courts y que desarrolló una carrera excepcional durante 24 años, hasta ser considerado como "Su Majestad", tuvo un pasado oscuro.
En sus inicios en el tenis Federer usaba un cabello rubio platinado, era dueño de una personalidad explosiva, ansiosa, que lo llevaba a discutir casi en forma permanente con los umpires y a destrozar raquetas como si estuvieran fabricadas de papel. Estas actitudes lo llevaron a constituirse como un “Bad boy” dentro del circuito.
"Federer era un chico muy simpático, muy abierto y muy agradable. Pero era muy hiperactivo. Estaba loco. No paraba de cantar, de hacerse el tonto. No venía a entrenar y yo tenía que ir a buscarlo. Lo tenía que castigar otra vez. Esos años han sido complicados" recordó Paul Dorochenko, primer preparador físico del suizo a fines de la década de los ’90.
En ese entonces, el que después fuera Nº 1 del mundo -manteniendo el récord histórico de 237 semanas seguidas en la cima (desde febrero de 2004 hasta agosto de 2008)- tenía más raquetas destruidas contra el piso que torneos ganados. Para comienzo de 2000 su personalidad era su mayor enemigo: contabilizaba un récord de 36 partidos ATP disputados con 21 derrotas y 15 victorias y sin ganar ni un solo torneo.
La fortaleza mental de Federer no es un don natural, sino una habilidad aprendida. Al principio de su carrera, luchaba contra la ira en la cancha y a menudo le faltaba concentración. Puede resultar extraño recordarlo ahora, dada su apariencia tranquila y serena, y su imagen de campeón sereno y perseverante que nunca se rindía. Sin embargo, durante su preadolescencia y adolescencia temprana, a Federer le costaba controlar sus emociones.
Recien en 2001, ya asentado en el top 50 del ranking mundial, todo cambió. Fue en Hamburgo, cuando enfrentó al argentino Franco Squillari (en ese entonces N° 19 del mundo) y tras perder 6-3 y 6-4, volvió a destrozar su última raqueta. "Estaba jugando mal y terminé rompiéndome la raqueta. Estaba tan enojado que perdí ese partido. Tuve una pésima actitud, había hecho muchas cosas mal, sobre todo en el match point”. rememoró con el paso de los años.
“En ese momento vi cómo mi familia y mis entrenadores me miraban y sentí que nunca más podría tener este comportamiento en una cancha. Me di cuenta de que definitivamente tenía que cambiar. Fue un proceso largo y recibí ayuda de un psicólogo. Me tomó dos años encontrar el equilibrio perfecto entre la pasión y la calma", dijo el oriundo de Basilea que, a partir de ahí, comenzó a cambiar su actitud y su imagen.
Desde 2002, su cabeza cambió por completo. Debutó en Sidney, venció a Juan Ignacio Chela en la final y levantó su segundo trofeo (el anterior había sido Milán) con solo veinte años. Y entre aquel año y 2004, obtuvo 21 títulos, de los cuales cuatro fueron de Grand Slam: Wimbledon en dos ocasiones, Australian Open y el US Open.
Aquel 2004 terminó siendo el año en el que Roger se subió por primera vez a la cima del ranking ATP. El 2 de febrero se subió al primer puesto y no lo abandonó hasta 2008.
El cambio del fuego al hielo
Peter Carter, quien lo entrenó desde los 9 hasta los 18 años, falleció en un accidente automovilístico durante un safari en 2002. Federer se enteró de la muerte de Carter mientras competía en el Masters de Canadá, en Toronto, una semana antes de cumplir 21 años, y según "The Roger Federer Story: Quest for Perfection", el libro escrito por el periodista suizo de tenis René Stauffer, "nunca había estado tan afectado en su vida".
Federer quedó devastado. La pérfida de su exentrenador lo hizo madurar increíblemente rápido, ya que nunca antes había tenido que pensar en la mortalidad. Lo dejó paralizado y le causó problemas durante mucho tiempo para afrontarlo y lidiar con el duelo. “Supongo que fue una especie de llamada de atención”, dijo Federer. “Empecé a entrenar muy duro...”.
David Law, exdirector de comunicaciones de ATP, afirmó: “ Roger no soportaba la imperfección. Peter fue fundamental para su madurez durante su juventud, y su muerte lo obligó a enfrentarse a algo que nunca antes había experimentado. Creo que nunca antes había tenido que reflexionar sobre la mortalidad. Aquello lo dejó paralizado”.
Al darse cuenta de que tenía un problema, Federer pasó los siguientes dos años concentrándose en su actitud y aprendiendo a combatir su "fuego" con "hielo". Dijo: "Ya sabes, tengo que tener el fuego y el deseo de ganar, pero la frialdad del hielo para absorber las derrotas y los errores".
Su exentrenador, Paul Dorochenko, reveló las razones de lo que después fue una carrera estable y triunfal. Una de ellas fue un psicólogo deportivo que fue consejero de Federer durante unos tres o cuatro años. "Le pusimos a Roger Federer un psicólogo deportivo que trabajó con él desde los 18 hasta los 21 o 22 años", dijo Dorochenko. La mejora mental de Federer sentó las bases de su época dorada de dominio en los Grand Slam, que comenzó el 6 de junio de 2003 en Wimbledon.
Con el paso del tiempo, el suizo acumuló 1.251 partidos ganados durante una carrera impresionante, firmando la segunda marca histórica de victorias solamente por detrás de Jimmy Connors (1.274). El suizo ha llegado a levantar 103 títulos individuales, entre ellos 20 Grand Slam, donde solo lo superan en categoría masculina el serbio Novak Djokovic (24) y el español Rafael Nadal (22).
El jugador de Basilea estableció récords con seis títulos, 59 victorias y 18 clasificaciones a las Nitto ATP Finals. También firmó una carrera excelente en torneos ATP Masters 1000, donde ganó un total de 28 títulos individuales.
Federer también ha sido galardonado con 40 Premios ATP Tour: ATP Tour N° 1 (2004-07, 2009), Premio Humanitario del Año Arthur Ashe (2006, 2013), Mejor Regreso del Año (2017), Premio a la Deportividad Stefan Edberg (2004-09, 2011-17) y Favorito de los Aficionados (2003-21). Además, es el deportista más laureado en la historia de los Laureus World Sports Awards, ganando el galardón a Deportista del Año en cinco ocasiones (2005-08, 2018) y Regreso del Año en 2018.
En el escenario olímpico, "Su Majestad" ganó la medalla de oro en dobles en Pekín 2008 y la plata en individuales en Londres 2012.
Las lesiones le pusieron fin a su brillante carrera
El paso del tiempo fue implacable y, después de 24 años de carrera, su físico ya no le permitía competir al máximo nivel y más luego de sufrir tres cirugías en la rodilla. Su último partido oficial fue en los cuartos de final de Wimbledon el 7 de julio de 2021 donde cayó ante el polaco Hubert Hurkacz.
Las lesiones, sin duda, también repercutieron en su posicionamiento en el ranking ATP desde que ingresó por primera vez en la clasificación en septiembre de 1997. A partir del 11 de julio de 2022, Federer dejó de aparecer en la lista del ranking ATP tras casi un cuarto de siglo de presencia ininterrumpida, de los que más de 20 fueron entre los 100 mejores tenistas del mundo.
Eso lo llevó a anunciar el 15 de septiembre de 2022 que dejaría el tenis profesional y fue en la Laver Cup, que se disputó del 23 al 25 de septiembre en Londres. Lo hizo representando a Suiza en ese torneo por equipos. Una manera simbólica de cerrar su carrera.
La leyenda al Salón de la fama
El lunes 24 de agosto, Roger Federer pisó el estadio Arthur Ashe por primera vez desde 2019, año en que participó por última vez en el torneo. Cinco días después, fue incluido en el Salón de la Fama del Tenis Internacional en Newport, Rhode Island, tras cumplir con el requisito de cinco años de retiro que se impone
“Me resulta agradable abrir la puerta rápidamente y echar un vistazo a mi pasado, a mi carrera tenística, porque hoy en día hago muy poco de eso”, comentó el suizo.
“No doy muchas entrevistas; no pienso mucho en ello. No me preguntan mucho, porque me muevo en círculos donde no me preguntan un millón de veces sobre cada detalle". Sin embargo, esta semana que pasó, fue diferente. Y Federer lo aceptó de la mejor manera. Los recuerdos afloraron como nunca antes, porque es imposible ver una película y ser su protagonista al mismo tiempo.
“Cuando te retiras, nunca das por cerrado el capítulo. Tal vez lo hagas con toda tu carrera, pero luego… tal vez Nueva York formó parte de ella. Tal vez el torneo de tu ciudad natal formó parte de ella. Tuviste tantos momentos emotivos o personas que te afectaron que nunca puedes cerrarlo del todo”, dijo Federer.
El Salón de la Fama es la despedida definitiva. Consagra la contribución individual de un jugador al deporte, recordándole que es solo una estrella en una galaxia. Incluso a Pete Sampras años atrás le advirtió: "Ya verás. Te vas a dar cuenta de todo lo que has logrado".
Y Roger Federer logró demasiado: de ser un “Bad boy” a transformarse en "Su Majestad" del tenis, en una leyenda viviente y ser incluido nada más y nada menos, que en el Salón de la Fama.
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