20 de diciembre 2001 - 00:00

San Lorenzo-Flamengo jugarían mañana

El mensaje de alegría que generalmente expresa el fútbol no cuajaba ayer en la Argentina, un país conmovido por una situación social de gravedad extrema y de violencia en el que el partido de vuelta de la final de la Copa Mercosur, entre San Lorenzo y Flamengo, que tenía grandes connotaciones, ya importaba poco y nada.

Jugadores, entrenadores y dirigentes tuvieron la sensación de que no habría partido mucho antes de que la Confederación Sud-americana de Fútbol (CSF) decidiera el aplazamiento del encuentro, cuando observaban por la televisión los saqueos a supermercados y comercios, los tumultos protagonizados por gente hambrienta y por delincuentes, y la represión policial.

Al enterarse de que un denominado comité de crisis, encabezado por el presidente argentino, Fernando de la Rúa, analizada la posibilidad de decretar el estado de sitio en todo el país, los «popes» de la CSF dejaron de darle vueltas al asunto y adoptaron una de las medidas más acertadas de ese organismo en mucho tiempo.

A la hora del anuncio del aplazamiento del partido, medida adoptada porque «no estaban dadas las condiciones mínimas» de seguridad en la capital argentina, los medios de comunicación anunciaban que como resultado de los choques entre saqueadores, ladrones, indigentes y policías, morían varias personas.

Al tiempo que los programas deportivos daban cuenta de la decisión tomada por Fernando Miele y Eduardo De Luca de la noticia del aplazamiento, los periodistas comenzaron a preguntarse qué día podría jugarse ese partido, que recién será definido en el día de hoy, de acuerdo al curso que tengan los tristes acontecimientos de ayer. Las autoridades de la CSF decidieron que el encuentro se juegue, si la situación lo permite, mañana a las 15.

Al tiempo que los aficionados se iban acercando al estadio, denominado popularmente Nuevo Gasómetro, comenzaba a desactivarse tres horas antes de la hora prevista para el encuentro la operación montada que desde temprano movilizó a centenares de personas.

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