4 de noviembre 2000 - 00:00

Talleres pudo encontrar la justicia en el tiro del final

Talleres no merecía irse con las manos vacías. El empate,a un minuto del final, llegó con aroma de justicia. El equipo cordobés habíajugado muy bien y su actitud fue en definitiva lo que le permitió salvar unpartido clave, que lo mantiene expectante, más cerca de Boca y quedar como unode sus escoltas.

Para San Lorenzo, el resultado tuvo otra lectura. Elequipo de Ruggeri tuvo un acierto y un minuto fatal. El gol del «Polo»Quinteros y el apuntado instante en que el visitante logró la igualdad. Así seresume su peso en el encuentro. Detrás de esos momentos hubo un equipo vacío,sin orden incapaz de sobrellevar las riendas del juego.

La gran noche del arquero Saja impidió que incluso loscordobeses se llevaran la victoria, que se demoró también, es justo decirlo poresta impericia que a veces muestran sus delanteros en la definición. En elprimer tiempo el local metió presión aunque llegó poco. Alaniz sacó de la líneadel arco de cabeza un remate con destino de gol de Portocarrero. Después, sóloalgún remate de Romagnoli y la insistencia de Abreu.

En esta etapa Talleres demostró como le cuesta definir.Rueda dispuso de varias ocasiones para demostrarlo y siempre falló. En elcomplemento los cordobeses volvieron a insistir por Rueda. El delanteroencendía peligro cada vez que pisaba el área; sin embargo, siempre se encontrócon Saja.

El «Polo» Quinteros con esa corazonada de goleador sacó aSan Lorenzo del pozo con un remate fantástico desde fuera del área, que abrióel marcador.

Lejos de desmoralizar a Talleres el gol lo lanzó sobreSaja que le tapó a Monrroy, a Astudillo, a Garay. Hasta que en la últimajugada, el propio Garay se dio el gusto. Y fue justicia

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