Un comienzo frustrante
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Batista ya se había jugado con Ángel Di María por Cambiasso y se quedó con dos defensores fijos, saliendo a cambiar golpe por golpe.
En ese desorden creó muy pocas situaciones de gol y se expuso al contraataque de Bolivia que desperdició la más clara en los pies de Marcelo Martins con una gran doble tapada de Sergio Romero, que se rehizo del gol donde reaccionó tarde.
El mejor cambio que hizo Batista fue el de Sergio Agüero por un inexpresivo Ezequiel Lavezzi, que desaprovechó su oportunidad.
El Kun le dio otra vida al ataque argentino con sus apiladas y su velocidad. La primera apilada la tiró afuera por centímetros, pero la segunda que tuvo no la desperdició y consiguió el empate.
Después fue un ataque permanente de Argentina buscando ganar el partido y una defensa casi heroica de la defensa boliviana, donde Ronald Raldes se convirtió en la gran figura de la cancha.
Messi como enganche se fue perdiendo con el correr de los minutos y Tevez chocó más de lo que jugó, por lo que las posibilidades de la selección Argentina se fueron achicando y el empate asoma casi como justo, sobre todo si tiene en cuenta las equivalencias de jugadores. Porque Argentina puso en la cancha más de 300 millones de dólares en jugadores, mientras que todo el plantel de Bolivia no llega a 10 millones. Pero el fútbol es así. A veces los débiles pueden con los fuertes y no es tan histórico como la anécdota de David y Goliat.




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