1 de julio 2011 - 08:52

Un comienzo frustrante

El primer término que surge para definir la actuación de la selección Argentina es decepción. Había mucha expectativa, tanta que muchos hablaban de vengar el 6 a 1 de La Paz en las eliminatorias, pero el equipo de Batista fue una sombra de si mismo y terminó empatando un partido que perdía por un "blooper" propio, ante un Bolivia que su mayor fortaleza fue saberse débil y por ello no arriesgar más de lo necesario.

La Copa América recién empieza y la localía pesó en jugadores que tendrían que estar acostumbrados a cualquier presión, porque juegan en los mejores equipos del Mundo.

La selección empezó jugando fría como la noche de La Plata, nunca conectó sus líneas mareando la pelota al estilo que tanto le gusta a su técnico, Sergio Batista, sino que quiso ser más vertical y le faltó precisión.

Bolivia tuvo la virtud de conocer sus limitaciones y agruparse bien en la mitad de la cancha, con dos líneas de cuatro muy ordenadas, donde se destacaron el capitán Ronald Raldes y el volante central Jaime Robles.

En ese panorama, hubo muy pocas situaciones de gol y la mayoría generada por apiladas de Lionel Messi. Un tiro cruzado de Ezequiel Lavezzi que salió apenas desviado, un remate débil de Carlos Tevez que tapó Carlos Arias y la más clara, una que se perdió Esteban Cambiasso rematando desviado con el arquero vencido.

El segundo tiempo comenzó con el blooper de Ever Banega (le pasó la pelota por debajo del pie, cuando cubría el primer poste) que fue el gol de Erivaldo Rojas.

Batista ya se había jugado con Ángel Di María por Cambiasso y se quedó con dos defensores fijos, saliendo a cambiar golpe por golpe.

En ese desorden creó muy pocas situaciones de gol y se expuso al contraataque de Bolivia que desperdició la más clara en los pies de Marcelo Martins con una gran doble tapada de Sergio Romero, que se rehizo del gol donde reaccionó tarde.

El mejor cambio que hizo Batista fue el de Sergio Agüero por un inexpresivo Ezequiel Lavezzi, que desaprovechó su oportunidad.

El Kun le dio otra vida al ataque argentino con sus apiladas y su velocidad. La primera apilada la tiró afuera por centímetros, pero la segunda que tuvo no la desperdició y consiguió el empate.

Después fue un ataque permanente de Argentina buscando ganar el partido y una defensa casi heroica de la defensa boliviana, donde Ronald Raldes se convirtió en la gran figura de la cancha.

Messi como enganche se fue perdiendo con el correr de los minutos y Tevez chocó más de lo que jugó, por lo que las posibilidades de la selección Argentina se fueron achicando y el empate asoma casi como justo, sobre todo si tiene en cuenta las equivalencias de jugadores. Porque Argentina puso en la cancha más de 300 millones de dólares en jugadores, mientras que todo el plantel de Bolivia no llega a 10 millones. Pero el fútbol es así. A veces los débiles pueden con los fuertes y no es tan histórico como la anécdota de David y Goliat.

Dejá tu comentario

Te puede interesar