21 de abril 2003 - 00:00

Un sólido River lució en Rosario

Un sólido River lució en Rosario
River ganó con mucha autoridad haciendo fácil un partido que -a priori-parecía muy difícil. Fue fundamental el trabajo de sus mediocampistas, especial-mente Claudio Husaín y D'Alessandro, quienes manejaron los tiempos del partido creando una neta supremacía.

Central intentó ponerle vértigo al partido, pero siempre chocó contra un equipo ordenado que quitaba y tocaba de primera sacándole ritmo al partido y asegurando destino a la pelota. Para sus males no anduvieron en una buena tarde las individualidades mejor dotadas, por lo que tampoco pudieron desequilibrar por la habilidad de Messera, Delgado y Figueroa.

River buscó con más paciencia que ansiedad el primer gol y cuando lo consiguió se dedicó a hacer circular la pelota desgastando a un rival que luchaba contra un rival superior y contra sus propias deficiencias. La pelota era propiedad de Andrés D'Alessandro, que actuaba como un director de orquesta manejando los movimientos de todos sus compañeros. Coudet por derecha y Lequi por izquierda desbordaban permanentemente, y Luis González arrancaba de posición defensiva, pero siempre terminaba pisando el área rival, tanto que fue el autor del primer gol.

El segundo gol llegó luego de una «exquisita» pared entre Coudet y Cavenaghi, que el joven delantero definió con su categoría habitual y se podría decir que ahí el partido se terminó. Porque a pesar del empeño que ponía parecía imposible que Central consiguiera un gol.

La extraña expulsión de Ameli (el juez de línea Darío García le informó a Sequeira que lo había insultado por un offside no cobrado a Figueroa) pareció que podrían revivir los rosarinos. Sin embargo, fueron sólo unos minutos hasta que River se volvió a acomodarse con la entrada de Zapata por Cavenaghi. Pasados esos minutos, nadie se acordó que River tenía un jugador menos, porque seguía siendo el dominador y creaba situaciones que Fuertes (el más flojo del equipo) se encargó sistemáticamente de desperdiciar.

A favor de Central se puede decir que nunca apeló a las brusquedades a pesar de verse superado en su cancha y ante su propia gente que le pedía que pongan esas actitudes (inentendibles) que siempre solicita la tribuna. El tema es que no era un problema de actitud. A Central lo superaba el fútbol de River y no porque River pusiera otra cosa sobre el terreno. Por eso el triunfo fue una consecuencia lógica del mejor juego y de la autoridad de los jugadores para manejar el partido y por más ganas que traten de imponer los rivales no pudieron siquiera acercarse a emparejar el juego. River se muestra firme en la punta y si sigue jugando así va a ser muy difícil bajarlo de esa posición.

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