23 de agosto 2007 - 00:00

Una nueva derrota que hace perder prestigio

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Lionel Messi marcado por Daniel Braaten. En el amistoso de ayer quedó demostrado que el jugador del Barcelona no puede ser el conductor del equipo.
Aunque Alfio Basile piense lo contrario, el amistoso ante Noruega sirvió de muy poco, quizás más para descartar, que para confirmar. Por ejemplo, descartar que Lionel Messi pueda jugar de enlace y ser el conductor del seleccionado argentino o para descartar a Ezequiel Lavezzi como una alternativa ofensiva para el equipo.

También sirvió para confirmar que Diego Milito no puede «jugar de Crespo» y que si quieren que Sebastián Garay sea el sucesor de Roberto Ayala, le tienen que dar mucho rodaje y ponerle al lado alguien que lo ordene y no defensores «mudos», como Nicolás Burdisso o Gabriel Milito.

El partido también sirvió para darse cuenta de que Gabriel Milito no puede jugar de lateral, ni siquiera como improvisación, porque no siente la función y termina regalando la raya al delantero para que lo desborde. No se le podía pedir a la Selección argentina un buen rendimiento, porque este equipo se conoció hace 2 días y tuvo un par de entrenamientos, pero sí un poco más de voluntad que la que mostró en el primer tiempo. Si los 90 minutos hubieran sido como los últimos 15, aunque haya caído derrotado por un discreto Noruega, la impresión hubiese sido distinta.

La Selección arrancó los primeros 10 minutos marcando presencia en la cancha, con Messi como eje y haciendo retroceder a Noruega, que lo esperaba con dos líneas de cuatro, pero bastó el infantil penal de Mascherano a John Riise, para que el equipo se desordenara y terminara perdiendo la pelota ante un rival que tampoco la quería.

Las mandadas de los dos Riise, Bjorn por derecha y John (el del Liverpool) por izquierda, fueron problemas insolubles para una defensa que dio todas las ventajas, y la calidad de la «jirafa» John Carew fue demasiado para el novel Garay, que perdía en el choque físico y también en habilidad con el noruego, que sorprendió a todos por su técnica y no por su conocida potencia.

En el segundo tiempo, Basile quiso cambiar el esquema con los ingresos de Insúa por el inexpresivo Luis González y de Saviola por un Lavezzi que nunca se atrevió a desbordar y se lo notó con un par de kilos de más.

El error del técnico fue mandar a Insúa como volante izquierdo y dejar a Messi que siga manejando el equipo. Así y todo, la Selección tuvo un par de oportunidades que Jarstein controló muy bien.

Vino el segundo gol de Carew con un cabezazo, en un centro en el que Ustari quedó a mitad de camino y Garay intentó empujar al delantero, en lugar de saltar, mientras Burdisso ni siquiera intentó nada, y anímicamente Argentina se volvió a quedar. Pero la lesión de Diego Milito favoreció al equipo, porque no habiendo más delanteros en el corto banco, entró Gago, y Messi pasó a jugar de delantero al lado de Saviola. Entre los dos «petisos» hicieron lo mejor de Argentina, que consiguió descontar en una distracción noruega en un tiro libre (lo único positivo que hizo un Maximiliano Rodríguez que sintió mucho el regreso, después de la grave lesión) y hasta pudo empatar con un remate de Insúa y otro de Saviola, que hicieron lucir al arquero noruego.

Para Basile, el partido sirvió para probar jugadores que habitualmente no juegan, dice que con algunos quedó satisfecho, cosa que comprobaremos en las próximas convocatorias.

También sirvió para perder prestigio y pagar una deuda de la época de Bielsa, quien pidió un equipo escandinavo antes del Mundial 2002 donde debía jugar con Suecia y cuando el partido estaba programado, se arrepintió de su pedido.

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