Wimbledon, entre Murray, la lluvia y el fanatismo inglés
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Londres se pone completamente al servicio del tercer Grand Slam del año.
El club es un mundo de gente, entre turistas y lugareños. Es fácil descubrir a los que viven acá: el que no tiene una bandera pintada en su cara, lleva las tradicionales frutillas con crema, algo imitado por los jugadores que no se las quieren perder.
Londres se pone completamente al servicio del tercer Grand Slam del año. Publicidades por todas partes, lugares de información, transporte público, carteles. La lista es larga, y más si se agrega a la gente que consigue trabajo a raíz de eso, como por ejemplo en los hoteles, que están rebasados en su capacidad.
Estas dos semanas de junio nadie habla de otra cosa. Hasta las cadenas de televisión más prestigiosas comienzan el día dando las noticias desde el estadio principal. Y aún más: el parte meteorológico de la BBC tiene unos segundos exclusivos para hablar sobre el torneo. La lluvia es la otra protagonista aparte del tenis.
Por supuesto, también hay lugar para el negocio, porque comer en el All England no es barato y hasta los programas de juego del día se cobran. Pero el tradicionalismo inglés sobrevive. No quieren que se acabe, porque saben que también se terminaría una parte de ellos mismos.




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