Wimbledon, entre Murray, la lluvia y el fanatismo inglés

Deportes

Londres es una ciudad extremadamente grande, aunque está tan bien planeada que uno puede llegar a cualquier lado sin importar el punto de partida. Y un claro ejemplo de eso es el del All England Lawn Tennis and Croquet Club, que parece una ciudad en sí misma. Aquí se agolpan miles de fanáticos, esperando por el torneo donde nació el tenis moderno.

Para avivar más el fuego local, Andy Murray es la gran esperanza de todos. En el tenis, la nación es Gran Bretaña y no se separa por países. No importa dónde haya nacido la gente, todos quieren que gane el escocés.

En cualquier diario, canal de televisión o emisora de radio se habla de las chances de Murray. "¿Podrá este año?", es la pregunta que se hace toda la isla.

Incluso, este fanatismo logra que cientos de chicos, o no tanto, se pinten la bandera de Escocia en su cara. Explota el estadio, la gente corre en los alrededores y todos hablan de él.

Para los británicos, Wimbledon representa todo lo que son ellos. Organizados, educados, con seguridad en todas partes cuidando de la gente y hasta parte del transporte público destinado únicamente para llegar al complejo.

La cancha central tiene una capacidad para 15 mil espectadores. Aquellos que no tienen tickets, se agolpan en la colina del Aorangi Park para ver la pantalla gigante en la que se transmite el partido de turno. Cuando juega Murray, de unos cientos pasan a ser varios miles.

El club es un mundo de gente, entre turistas y lugareños. Es fácil descubrir a los que viven acá: el que no tiene una bandera pintada en su cara, lleva las tradicionales frutillas con crema, algo imitado por los jugadores que no se las quieren perder.

Londres se pone completamente al servicio del tercer Grand Slam del año. Publicidades por todas partes, lugares de información, transporte público, carteles. La lista es larga, y más si se agrega a la gente que consigue trabajo a raíz de eso, como por ejemplo en los hoteles, que están rebasados en su capacidad.

Estas dos semanas de junio nadie habla de otra cosa. Hasta las cadenas de televisión más prestigiosas comienzan el día dando las noticias desde el estadio principal. Y aún más: el parte meteorológico de la BBC tiene unos segundos exclusivos para hablar sobre el torneo. La lluvia es la otra protagonista aparte del tenis.

Por supuesto, también hay lugar para el negocio, porque comer en el All England no es barato y hasta los programas de juego del día se cobran. Pero el tradicionalismo inglés sobrevive. No quieren que se acabe, porque saben que también se terminaría una parte de ellos mismos.

Dejá tu comentario