La frase, aunque un poco gastada por tanto uso, toma una dimensión abismal cuando del suizo se trata. Ver a Roger Federer implica estar ante el presente perfecto pero también ante la historia pura, porque su nombre quedará en lo más alto por mucho, mucho tiempo. Y así lo siente también él, que es consciente de lo que genera y juega para todos.
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Estar ante Federer eclipsa. Es como un mago que deslumbra a cada paso. Logra que un estadio y el murmullo de 20.000 personas se vuelvan una imagen difusa, un punto en el horizonte cuando salta a la cancha. Elegancia, potencia, perfección son algunas de las primeras sensaciones que invaden el cuerpo. Todo es armonioso en él. Su andar, sus golpes, su manera de ser. Tener la posibilidad de disfrutarlo es para pocos, aunque 40.000 personas suenen a mucho.
Pero además de su juego, exquisito cuando se lo ve por televisión e imponente en vivo y en directo, el suizo es el N°1 de la historia por su imagen. Gentil, bonachón y siempre sonriente, uno se olvida que cobró una (merecida/justa) millonada por estar acá y se alegra del genuino goce que Federer muestra en cada evento de su ajetreada agenda.
Como la estrella que es, cada paso que da es firme, pero siempre con una sonrisa. sin divismos y muy humilde como uno más, a pesar de ser el mejor en lo que hace. Y lo que hace es jugar al tenis, algo que no dejó de lado en sus días en Argentina. Ganador y comprometido con el juego, sin conformarse con que su sola figura en cancha conformara a todos los presentes, Federer decidió "jugar en serio". Y ahí se lució, porque sabía que, en definitiva, la gente quería verlo jugar.
Siempre predispuesto para cualquier actividad, firmar autógrafos o hasta fotografiar a la Presidenta, la estadía de Federer aquí gustó tanto porque él demostró haberla disfrutado. Su humildad nos enseñó un camino y también puso la vara demasiado alta. El cocktail Federer es sencillamente perfecto y enamora por donde se lo mire. Argentina tuvo mucho más que al mejor deportista de la historia del tenis: tuvo a Roger Federer. Y eso llena el alma.
Ahora le toca el turno de disfrutarlo a Colombia. Pero poder decir que yo vi a Federer, es un lujo que no debía dejar pasar. Por eso agradezco por esta mágica noche que no terminará jamás y que vivirá en mi recuerdo para siempre.
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