Deuda: Argentina está mejor que en 2001 para negociar

Para los acreedores los beneficios de aceptar la propuesta son superiores a las potenciales desventajas de no hacerlo.

¿Por qué habrá quienes defienden los intereses de los acreedores como si fueran Paul Singer? - No me imagino un equipo donde los hinchas pidan “penal” contra su equipo. Los simpatizantes del club tienden a creer que el penal que dio el árbitro en contra fue injusto.

El deudor no lo puede decir. Cualquiera que haya reestructurado una deuda supone estar importunado por no poder llegar a tiempo o aparenta deshacerse en esfuerzos para cumplir con lo que le conviene al acreedor. Pero la verdad es que no hay ningún apuro para cerrar negociaciones por la reestructuración de la deuda externa. Si nadie nos presta desde enero de 2018 y aceptando todas las condiciones en contra tampoco nos va a prestar por mucho tiempo. Volvimos a los mercados 7 años después de lograr el 93% de adherentes a la reestructuración de la deuda en default de 2001 y 11 años tardamos desde el 75% inicial.

Nadie está diciendo: ¡que le vayan a cobrar a Macri y Prat Gay!, pero deberían haber tomado los recaudos pertinentes antes de dar crédito a troche y moche. - ¿A que tanto apuro? -

No hay que deducir que se termina el mundo porque lo dice un panelista. Lo cierto es que no se va a aceptar cualquier cosa para luego no cumplir con los compromisos asumidos. Eso ya lo hicieron los jaraneros antepuestos.

La actual no es una instancia decisiva de la negociación, aunque lo espoleen los operadores “sobres salientes”. El negociador que gana destruyendo al otro no es el mejor. El mejor es el que saca ventajas del oponente sin librar ninguna batalla. Por el momento estamos en la parte de toma de posiciones para ver quien está en mejor estado para negociar. El paso siguiente es la misión táctica que se realiza por distintos andurriales para explorar una salida diplomática. Luego llega la fuerza pero aun como amenaza. El acreedor no va a embestir al deudor antes de que fracasen los pasos anteriores. Miremos a China, pudo atacar en 2008 vendiendo bonos y reservas, pero esperaron el momento más vulnerable de EE.UU. y puede ser este, y aun así todo permanece en “amenaza”.

Los fondos buitres no sacaron la lotería Prat Gay porque eran valientes y agresivos. Lo que hicieron fue no cometer errores. Todas sus estrategias anunciaban la gloria. Golpearon desde lo más alto cuando la vulnerabilidad de la Argentina era extrema. Había llegado Macri con Prat Gay, Caputo y Sturzenegger. Apostaron a esa instancia porque sabían que así ganarían lo máximo con toda seguridad. No perder depende de uno mismo, ganar depende de los actos del otro. No es este el caso, ni el momento.

Tanto el rechazo de los acreedores como la supuesta decepción del Gobierno constituyen lo que se denomina vulgarmente “acting”. Son dos caras de una misma moneda -el inicio-. Eso sí, los acreedores están mucho más interesados en llegar a un acuerdo que el Gobierno argentino. La mejor aplicación de la fuerza del acreedor es la conquista sin batalla, destruir al deudor es la peor. Si destrozan todo, la rapiña puede ser menor.

Las fuentes directas de Wall Street se mostraron más que preocupadas por cerrar un trato rápido ayer por la tarde, aunque es lógico que no lo digan públicamente y, no hablan con reporteros en los pasillos. Tampoco se lo dicen a los medios, pero piensan que la oferta no es descabellada y seria una torpeza empujar al default a un país que ya estaba en default desde el mes de agosto de 2019. Los “sobres salientes” informadores y economistas que jamás hicieron una reestructuración de deuda, teorizan como si supieran al dedillo. Los que nos informaron que el “dead line” del Gobierno para alcanzar un acuerdo era el 31 de marzo o que no nos iban a esperar por mucho tiempo. Ya se equivocaron o ya nos corrieron.

Como explicamos desde esta columna, Argentina tiene diferentes escenarios de simulaciones (What if?). También están previstos escenarios de “no acuerdo”, nada mas retomar el default que declaró Macri-Lacunza”, pero con el antecedente de haber intentado conciliar y pagando con reservas.

La necesidad de un entendimiento urgente no es clave para Argentina. Si se diera la aceptación de la oferta será adecuado, pero sino ¿Qué cambiaria? – ¿Vendrían los bancos y los fondos de inversión a prestarnos al 8% como a Prat Gay y Caputo?

Alberto Fernandez no quiere resolver los problemas de la deuda Argentina con más endeudamiento. - ¿Cuál es la parte que no entendieron? – Porque lo repitió muchas veces. Con acuerdo o sin acuerdo no vamos a pagar nada por tres años o más.

Argentina está mejor que en 2001 -para negociar-, cuando se tomó 4 años para llegar a un acuerdo inicial- que en total llevó 9 años. Además el FMI está a favor. El tropel de enviados ayudando para sacar un “endulzante” es tan evidente que no resiste análisis. No sería sospechoso si no se supiera que hay tenedores de títulos de deuda, residentes argentinos. Es como si uno le debiera plata a su hermana y ella estuviera dispuesta a rematar la casa de sus padres donde vive el hermano que debe.

La CGT coherentemente y la Unión Industrial Argentina decepcionada de su error -respaldar a Macri- apoyan la oferta argentina. Las empresas individualmente también porque hace un año y medio que viven en recesión y desde 2019 valen ¼ de lo que costaban antes que llegue la furia amarilla.

Si no acordamos no puede pasar nada peor. El desastre que le dejaron al Gobierno y lo que se viene después de la cuarentena es inevitable. Después de Macri y el Covid-19 ¿Qué más le puede pasar al país? - ¿Para qué queremos ser creíbles como Macri? - Al contrario. Sería bueno que por virtud o por desconfianza las grandes empresas perdieran el crédito que las incentiva a timbear, endeudando y fugando. Tomaron cualquier cantidad de deuda en dólares para hacer “curro trade”, mientras ganaron, fugaron. Los capitales fueron a paraísos fiscales y la deuda quedó en los balances argentinos. Si el “curro trade” se termina con una nueva Ley de Entidades Financieras estupendo, pero si no hay reforma financiera que se termine porque no puedan hacer mas negocios saqueando al país.

El Gobierno hizo una oferta y calculó la quita de deuda necesaria tomando en cuenta lo que el país podría pagar, logró apoyo del FMI e implícitamente del Tesoro de los EE.UU. en la relación con los acreedores privados. Aplicó la teoría según la cual cuando un enemigo es poderoso, la clave es evitar que pueda coordinar sus acciones. De ahora en más, debería hacer la plancha. A esta táctica (proponer y hacer la plancha) se suma el cambio de condiciones financieras internacionales, altamente favorable para esperar. Las tasas están en el subsuelo, los Bancos Centrales pagan para que les tomen dinero y la Argentina solo pide que le rebajen los intereses que convalidó Macri. Cambiemos coloco deuda 3 veces más caro que Evo Morales. Para convalidar las tasas de los títulos macricaputescos, el próximo gobierno debería dirigirlo un alumno de Idi Amín.

El gobierno terminará situando a los acreedores ante la decisión de aceptar el canje o ir a un final abierto. Hoy los beneficios de aceptar la propuesta son superiores a las potenciales desventajas de no hacerlo. Si aceptan los bonos nuevos van a cotizar más de 30 centavos inmediatamente pero si la crisis se profundiza tal vez no valgan ni 10 centavos. En otras palabras, lo que tienen los acreedores hoy, es sustancialmente peor que aceptar el canje. Por otra parte debido a la baja mundial de las tasas de interés, ajustar y promediar lo cobrado más el “curro trade” que hicieron, cierra perfecto. Si hay acuerdo con los acreedores el FMI podrá conceptuar la posición externa de la Argentina bajo ese acuerdo. Su capacidad de comprender los plazos necesarios se flexibilizará.

Riesgo político

El riesgo político sigue siendo bajo porque Alberto Fernández es un presidente altamente moderado y predecible. Los ortodoxos se quedaron sin libreto. Los heterodoxos del mundo lo aplauden de pie, y su propia coalición y la sociedad lo miran con mucho respeto. Hoy AF no tiene una oposición real y crece cada dia en las encuestas. La gestión de la cuarentena es mucho mejor de lo esperado y por eso se pretende instalar que “se enamoró de la cuarentena”. Descabellado.

Resolvió rápido los problemas mas acuciantes y mantiene unido el Frente Para Todos, diluyó todos los conflictos innecesarios que quiere extender “La Grieta S.A.”. Los que viven de la grieta han quedado tan expuestos que lucen delirantes. Solo el odio del antiperonismo visceral los apoya. Fernández mantiene la paz con el campo, con los gremios, los movimientos sociales; mientras sufre los ataques de los medios inconmovible, a pesar de los problemas que existen. Nadie se imagina al mejor equipo de lós últimos 54 años en comando en un momento como este.

Los economistas fracasados ya no tienen argumentos, la gente desprecia la crueldad con que tratan los temas que involucran la salud de la ciudadania. Alberto es un Presidente decisionista, pero que dialoga y luce confiado en cada exposicion. Las instituciones y las províncias, entran en un esquema de piramide achatada que el controla, “sin disciplinar”. Es muy difícil pegarle. Sus ideas están asociadas a la coalición pero con una vision abierta. Reconoce el mercado, pero no se somete en forma vergonzosa como otras administraciones.

La globalización ya no impone límites y tanto el Presidente como Martín Guzmán lo tienen clarísimo. La Argentina de Mauricio se desvanece, Macri cada vez importa menos, casi no existe. Las instituciones funcionan a pleno. No existen superpoderes presidenciales, la Corte hace o “no hace” lo que se le da la gana, cada vez luce más extravagante y pierde más prestigio, pero el Ejecutivo no interfiere. El Congreso quiere trabajar. La oposición se desmoronó y da manotazos de ahogado, el justicialismo puro y duro no critica al presidente. Solo el general que es flexible y que sabe adaptar su estratégia a las circunstancias variables puede mandar a las tropas victoriosas (Sun Tzu)

Profesor de Postgrado la UBA y de Maestrías en universidades privadas. Presidente de www.hacer.com.ar . Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. hacer@hacer.com.ar

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