Roberto Lavagna viajará al Fondo Monetario Internacional este jueves con la máxima prudencia: no quiere crear falsas expectativas sobre la posibilidad de un acuerdo que está lejos de suscribirse. La Asamblea del organismo requiere la participación de los ministros de Economía y presidentes de Banco Mundial, de tal manera que el viaje de Lavagna es inevitable. Lo acompañarán Eduardo Amadeo y Guillermo Nielsen y, con un status similar, Aldo Pignanelli. Como el gobierno no puede despejar grandes incógnitas antes del viaje (despesificación, legislación sobre el CER, acuerdo con la Corte por los amparos, equilibrio fiscal en las provincias, recomposición tarifaria de los servicios públicos, etc.), el ministro intentará llevar en la valija algo más etéreo, pero al alcance de la mano: la puntada inicial de un acuerdo parlamentario que, por lo menos, asegure una agenda legislativa hasta fin de año. De paso, se podría eludir un pacto entre candidatos presidenciales que también se muestra esquivo y con razón: hoy en la Argentina no se sabe quiénes son los candidatos, por qué método se los elegirá y en qué fecha serán los comicios. A Duhalde, según dicen, le fascinan los juegos de azar.
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La perspectiva de un pacto parlamentario comenzará a explorarse hoy en la Jefatura de Gabinete. Todo se desarrollará lentamente, según la costumbre de los legisladores y una premisa que ya trascendió de la Casa Rosada. Duhalde le dijo a Horst Köhler el jueves pasado, durante la conversación telefónica que mantuvieron ese día: «Usted sabe que, si no hay acuerdo, yo no puedo tocar las reservas para pagar los compromisos con los organismos multilaterales. Si lo hiciera, dejaría una situación muy vulnerable a mi sucesor, sometido al riesgo de la hiperinflación». Köhler contestó: «Comprendo su modo de ver las cosas y creo que ése es el problema más delicado que ambos enfrentamos».
Con esta lógica como punto de fuga de todo el cuadro, Alfredo Atanasof convocó para hoy a los presidentes de ambas cámaras (Juan Carlos Maqueda y Eduardo Camaño) y a las conducciones de ambos bloques del PJ para comenzar a garabatear un temario que sirva de base a un acuerdo. La iniciativa nació del propio Köhler, quien en su carta a Duhalde de la semana pasada sugirió: «En particular, me pregunto si usted podría considerar apropiado procurar una declaración de apoyo al programa de parte de líderes provinciales y del Parlamento. Dicha iniciativa ayudaría a crear confianza en la implementación del programa. Espero conocer sus ideas en este tema».
Respecto de los gobernadores de provincia, el propio Duhalde se hizo cargo desde ayer de gestionar el acuerdo (sorprende la defección de su ministro del Interior, Jorge Matzkin, más inquieto por sus vástagos y algún escándalo pampeano). Habló del tema con José Manuel de la Sota, anoche, y prevé comentarlo hoy con Carlos Reutemann, con quien se encontrará para asistir a una inauguración de la empresa SanCor en la localidad cordobesa de Porteña, como adelantó ayer este diario (de más está decir que el encuentro con Reutemann genera expectativas electorales que, en el caso de Duhalde, opacan la agenda que pretende Köhler; divergencias axiológicas entre un alemán -en rigor, nacido en Skierbieszow, Polonia- y un hombre de Lomas de Zamora, por decirlo de algún modo).
La reunión de hoy a las 17 entre Atanasof y los jefes del peronismo parlamentario pretende constituir una agenda de tratamiento legislativo. Desde luego, la encabeza la suspensión del proceso de juicio político a la Corte, que será materia de conversación entre el Presidente y sus diputados más tarde, a las 20, en Olivos. También el tratamiento del CER, la controvertida ley de 2% de aporte del sistema financiero a la obra social de los bancarios y la aprobación de las cámaras de los reajustes tarifarios (que presumiblemente se habrán de empantanar entre las audiencias públicas, los reclamos del defensor del Pueblo y los amparos judiciales) son cuestiones que ya ingresaron en el listado antes de que se comience a hablar.
• Financiamiento
Con los gobernadores, que se agregarán a la urdimbre más lentamente, el compromiso será trabajoso: ya le advirtieron a Lavagna que sólo aceptarán las pautas de ajuste que demanda el Fondo si se les asegura que habrá un acuerdo final que solvente el financiamiento. El ministro no le pudo todavía garantizar eso a Duhalde, que pregunta lo mismo desde que vio a Köhler por primera vez, menos podrá hacerlo con los mandatarios de provincia.
Toda esta arquitectura, que formuló Köhler en un par de renglones, reemplaza por estos días otra estrategia del gobierno, también dificultosa: la de conseguir un pacto mínimo de buenas intenciones con los candidatos presidenciales, que todavía no contestaron el memo de cuatro puntos que les remitió el gobierno (la pluma fue de Amadeo). Mejor dicho, el único que lo contestó fue Ricardo López Murphy, quien envió una versión propia de convenio, más amplia y, por supuesto, exigente.
Lavagna concurrirá a Washington, por supuesto, sin ninguno de estos instrumentos elaborados por completo. Será un argumento más para Köhler o Anne Krueger, quienes desde hace una semana están anticipándoles a los asambleístas del Fondo que si no se llegó a un acuerdo con la Argentina es exclusivamente por causa de los argentinos.
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