Se conocieron ayer varios informes del exterior tras el anuncio del pago al Club de París. Entre ellos, los más referenciados fueron el de Guillermo Mondino de Lehman Brothers y el del banco UBS, que plantean serias dudas sobre el impacto de la medida.
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Principalmente cuestionan la utilización de las reservas del Banco Central, y la dependencia de éste; a la vez que advierten que esta iniciativa puede generar una ola de embargos por parte de los bonistas que quedaron fuera del canje de deuda. En este sentido, Mondino recuerda que el juez neoyorquino Griesa sólo convalidó el pago al FMI con reservas del Banco Central porque los organismos financieros internacionales tenían privilegio sobre cualquier deuda. Lo que no ocurre con el Club de París por no ser una institución financiera internacional.
Otro de los puntos en los que hacen hincapié es el flanco fiscal, donde destacan el deterioro del superávit a partir de mediados de 2004.
También circularon reportes en la plaza local, como el del Estudio Arriazu, que pondera la noticia pero rechaza la alternativa escogida porque da lugar a dos hechos negativos. Por un lado, al reducirse el nivel de reservas el tipo de cambio requerido para cubrir todos los pasivos del BCRA se eleva, debilitando la capacidad del gobierno de hacer frente a una eventual crisis de confianza. Por otro lado, debido a que las reservas del BCRA no son la contraparte de superávits fiscales, sino que se sustentan en deuda de corto plazo, la decisión de pagar la deuda con el Club de París con reservas disminuye el respaldo de los pasivos de corto plazo.
El informe señala, además, que al tener un sistema financiero con un esquema de encajes fraccionarios, siempre resulta prudente tener un excedente de respaldo sobre la base monetaria en caso de que el mercado bancario necesite alguna asistencia.
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