26 de diciembre 2004 - 00:00

Advierten a países pobres por la apertura a textiles

A menos de una semana de la supresión de las cuotas de importación de textiles en todo el mundo, el 1 de enero de 2005, China se perfila como la gran beneficiaria de esta medida, mientras los países pobres se exponen a perder una buena porción del mercado a manos del gigante asiático.

"El impacto económico y social va a ser muy importante en los países más pobres, que no tienen la posibilidad de defenderse, como sí pueden hacerlo Estados Unidos o la Unión Europea (UE)", afirmó Jean-Paul Sajhau, responsable del sector textil-vestimenta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Las cuotas, vigentes desde 1974, se han ido eliminando en forma progresiva en los últimos años, y dejarán de existir definitivamente en 2005 en virtud de un acuerdo internacional suscrito en 1995.

Los países ricos, que temían ser los grandes perdedores de esta eliminación, tuvieron tiempo de reestructurar su industria, concentrándose en productos de alto valor agregado, y seguirán dominando los segmentos de mercado de mayor poder adquisitivo.

En cambio, las naciones pobres, que pensaban beneficiarse con la supresión de las cuotas que limitaban el acceso de sus productos baratos a los mercados occidentales, enfrentarán en su terreno a un rival de imprevista magnitud.

"Cuando la supresión de cuotas fue decidida hace diez años, nadie podía concebir que China se desarrollaría tan rápidamente, para convertirse en semejante competidor", dijo en París Denis Audet, economista de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).

Entre 1995 y 2004, la participación china en el mercado mundial de textiles pasó de 19% a 28%.

Según un estudio publicado en agosto por la Organización Mundial de Comercio (OMC), cuando caigan las cuotas los textiles chinos representarán el 50% de las importaciones de Estados Unidos en ese rubro, contra el actual 16%.

Y paralelamente, las exportaciones de textiles sudamericanos a ese país caerían de 16% a 5%.

En la Unión Europea, mientras tanto, las importaciones de textiles chinos pasarán de 18% a 29%, mientras las de Turquía, por ejemplo, disminuirán de 9% a 6%.

Hasta ahora, países como Isla de Mauricio o Madagascar importaban tejidos europeos, chinos e indios, los convertían en prendas de vestir en fábricas que pagaban bajos salarios, y luego los vendían a los países ricos, aprovechando las cuotas que les permitían acceder a su mercado.

Pero a partir del 1 de enero enfrentarán la competencia de China y -en menor medida- de India, que poseen tanto materias primas como industrias poderosas y competitivas, y tras la desaparición de las cuotas no encontrarán límites a sus posibilidades de exportar.

Para acallar las críticas y temores que suscita su futura hegemonía en el mercado textil mundial, Pekín ha instado al Banco Mundial (BM) y al Fondo Monetario Internacional (FMI) a ayudar a los países perjudicados por la eliminación de cuotas.

Sin embargo, ambos organismos anunciaron en octubre que sólo concederán asistencia puntual a algunos de esos países, porque ya existe un mecanismo de apoyo estructural para ayudar a las naciones en desarrollo a soportar el impacto de la liberalización del comercio.

"En el caso del textil, trabajamos país por país pero no sabemos con certeza lo que va a salir de las negociaciones", afirmó el presidente del BM, James Wolfensohn.

Por su parte, para limitar los efectos del levantamiento de cuotas sobre sus proveedores habituales, como Turquía, Túnez o Isla Mauricio, la UE suprimió los derechos de aduana preferenciales acordados a los textiles chinos, pese a las protestas de Pekín.

Mientras tanto, los países centroamericanos, cuyas exportaciones textiles hacia Estados Unidos se quintuplicaron entre 1992 y 2002, apuestan a los beneficios que les otorgaría en materia textil el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos -en vías de ratificación- para enfrentar la competencia china.

"El TLC va a permitir a la industria integrarse y aprovechar oportunidades que China no tiene", dijo la ministra salvadoreña de Economía, Yolanda Mayora.

“na de ellas es la entrada con preferencias al mercado americano y la otra la cercanía geográfica, que es un elemento que ellos no pueden cambiar", sostuvo.

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