En momentos en que al Banco Central le cuesta defender el real, el enfrentamiento político entre el presidente Fernando Henrique Cardoso y su ex aliado, el senador Antonio Carlos Magalhaes, puede complicar más la economía de Brasil y hacer padecer las consecuencias a la Argentina.
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Hay que recordar que la crisis turca estalló por el enfrentamiento entre el presidente y el primer ministro, mientras en la Argentina las acusaciones sobre el presidente del Banco Central alejaron las posibilidades de reactivación.
Ahora Brasil es el tercer país emergente que complica su economía por disputas políticas. Es un momento peligroso porque el gobierno de Cardoso estaba dispuesto a aumentar su popularidad con la reactivación que espera este año.
Las denuncias de corrupción que se extienden a las licitaciones para las privatizaciones de empresas públicas pueden afectar no sólo la cotización del real frente al dólar, sino también pueden precipitar la caída de los títulos públicos de toda la región. También podrían hacer subir las tasas de interés en reales y desbaratar la reactivación económica porque toda la deuda interna de Brasil, que es tan grande como la externa, está tomada a esas tasas. Si por el escándalo que pueden producir las denuncias de Magalhaes esas tasas suben, aumentará el servicio de la deuda interna y, por consiguiente, el déficit fiscal, lo que obligará a un recorte de gastos en áreas sociales para cumplir con las metas del FMI.
Entretanto, la Argentina puede ver más complicada su reactivación si caen las compras brasileñas porque devalúan el real. El otro riesgo es que a favor de un real muy devaluado haya una avalancha de exportaciones brasileñas sobre la Argentina. El peso está más complicado que nunca por su tasa de 1 a 1 con el dólar, que vio en estos últimos días cómo el euro cayó a sus niveles mínimos al igual que el yen. No hay una sola moneda del mundo que en el último tiempo no haya perdido frente al dólar y esto les quita competitividad a las exportaciones argentinas, además de perder las ventajas que habían logrado por la suba del precio internacional de algunos commodities.
«Hablaré de privatizaciones, de la mucha gente que el presidente dijo que eran pillos, pero que estaban en el gobierno: denunciaré la corrupción. F.H. (Cardoso) fue tolerante con la corrupción», fue la amenaza del senador en declaraciones al diario «Globo». Magalhaes espera que termine el Carnaval para ser escuchado y desatar el escándalo. La situación del gobierno de Cardoso es muy vulnerable porque depende exclusivamente de que Magalhaes no tenga pruebas de lo que denuncia. Este senador de 73 años, veterano de la política, difícilmente se arriesgue si no tiene los elementos que lo respalden.
Aliado
Magalhaes fue presidente del Senado desde 1997 hasta la semana pasada; ha estado en la política durante varias décadas. Como jefe del Senado, Magalhaes fue probablemente el más grande aliado de Cardoso para que le aprueben leyes clave y ayudó a su reelección en 1998. Todavía tiene fuerte apoyo en su nativo estado de Bahía.
Pero en los últimos meses, el camino del caudillo fue de derrotas. Sondeos municipales nacionales mostraron en octubre que el PFL había perdido respaldo popular, lo que llevó a Cardoso a rediseñar sus pilares legislativos.
Como resultado de ello, la coalición gobernante desairó al PFL la semana pasada al escoger al viejo adversario político de Magalhaes, Jader Barbalho, del Partido Democrático Brasileño (PMDB), para reemplazarlo como presidente del Senado.
Poco después, Magalhaes respondió al desaire mandando una señal en forma poco sutil al decirles a los fiscales cómo obtener evidencia en una investigación por corrupción que involucra al ex secretario general de la Presidencia, Eduardo Jorge. Magalhaes dijo que por Jorge se llega a Cardoso.
Inmediatamente, el presidente de Brasil respondió con arsenal del más fuerte. Cardoso despidió a los ministros de Energía y Minas, Rodolpho Tourinho, y de Seguridad Social, Waldeck Ornelas, aliados de Magalhaes y miembros de su PFL. Confirmando los temores de una tormenta política, Magalhaes dijo al «Folha de Sao Paulo»: «Tengo maneras de hacer sentir incómodo al presidente y él lo sabe».
Magalhaes dijo que Cardoso personalmente le había contado sobre alguna gente que pensaba que eran «pillos», pero, sin embargo, los instaló en su gobierno.