24 de enero 2002 - 00:00

Alerta en el Gabinete: a Remes le faltan $ 1.100 millones en enero

Jorge Remes Lenicov probó ayer la pócima amarga de los ministros de Economía cuando se enfrentó prácticamente con todo el gabinete al reclamar una efectiva baja del gasto. «Ese presupuesto que trae el jefe de Gabinete con un déficit de $ 2.700 millones es imbancable, hay que bajar más», se quejó en el sketch principal de la reunión en Olivos, que se desarrolló en una serie de encontronazos y malas noticias:

• El Presidente arrancó reclamándole a Jorge Capitanich los números del nuevo presupuesto. Este funcionario, debutante en las grandes ligas y con menos experiencia que la mayoría de los presentes, encallecidos en peleas internas, amagó con una explicación de que su recorte alcanzaría a 30% del gasto que había solicitado Economía. Le pidieron detalles, y la voz de Remes lo cortó: «Bajan $ 100 millones pero eso no alcanza, o hay financiación para tanto gasto». Capitanich amagó con que lo importante era el concepto y Duhalde le dio el primer reto: «Por favor, ministro, tiene que venir con datos más precisos al gabinete».

• Lo que pareció enojar al Presidente fue el énfasis de Remes en quejarse de estar en un gobierno incapaz de bajar en serio el gasto. Mirando a Remes intentó un suave reproche: «Ministro, usted también tiene que traer soluciones que le lleguen a la gente y no tanto lo que reclaman desde afuera». Remes retrucó que su obligación era normalizar la vida económica del país y que una condición es un presupuesto equilibrado. Tomó aire y dibujó en el aire: «Además de afuera no vienen señales tampoco iguales. Hay dos bandos en Washington. Los halcones creen que la Argentina tiene que tocar fondo». «-¿Más?», tambaleó Duhalde. «-Sí, más. Quieren que el PBI caiga 20%, que la desocupación estalle del todo y que la Argentina viva lo que vivió Chile en los primeros años de Pinochet.» «-¿Hay palomas?» «-Sí, hay palomas-, dijo Remes. Es el sector de opinión en Washington que dice que a la Argentina hay que ayudarla a salir del brete, pero si queremos que este bando triunfe sobre el otro, hay que hacer, por ejemplo, un presupuesto más coherente con los recursos. Por ejemplo, la recaudación cae 23% y hay que tener recursos para pagar los gastos, o bajar los gastos.» Para hacer más crudo el diagnóstico, el ministro remató: «Por ejemplo, para cerrar este mes hacen falta $ 1.100 millones, y nadie sabe de dónde van a salir con lo que se viene recaudando hasta ahora».

• Carlos Ruckauf, atento a esos detalles, se alineó de inmediato junto al ministro de Economía y reseñó algo que todos conocían, el comunicado de los ministros de Economía de la Unión Europea criticando el paquete «populista» del gobierno. «Es cierto --ensa-yó el ex gobernador de Buenos Aires-que tenemos que entender que los países europeos van a ponerse detrás de las empresas españolas que se sienten agredidas por las medidas que hemos tomado.»

• Duhalde se achicó en la silla y se lamentó que podría correr el mismo destino de su antecesor Fernando de la Rúa. «Me están poniendo ante los mismos condicionamientos que con De la Rúa», musitó. Horacio Jaunarena -veterano de batallas viejas-recorrió la larga mesa con la mirada, sin encontrar gestos de respuesta en nadie. Como si intentase huir de ese destino, Duhalde golpeó la mesa y cargó otra vez contra Capitanich: «Ministro, ¿cómo puede ser que me entere por los diarios de que los ministros van a ganar más de $ 3 mil?». El jefe de Gabinete respondió que el decreto lo había ordenado el Presidente. «Pero Ud. me lo trajo a la firma y no refleja lo que habíamos hablado. Acá nadie gana más que yo -brincó Duhalde-y yo gano $ 3 mil. Así que me preparan un decreto nuevo.»

• Remes recordó que él había propuesto levantar ese techo impuesto por Adolfo Rodríguez Saá como una forma de retener en sus puestos a los técnicos de la línea del Ministerio de Economía, que habían amenazado con renunciar. Ruckauf se le puso de nuevo al lado con la pala de punta y reclamó por los embajadores que no llegan al día 15 con ese techo cuando están fuera del país. Duhalde admitió mirando a Capitanich: «Me traen un nuevo decreto que distinga a los funcionarios políticos que no pueden ganar más que yo de los de carrera y diplomáticos que quedan afuera de ese techo, pero sin tocar la orden de bajar el gasto, ¿eh?».

• La palabra «gasto» pare-ció despertarlo a José Ignacio de Mendiguren. El productivo ministro describió más necesidades del sector que representa dentro del gobierno: «Habría que ir pensando, Presidente, en alguna forma de estimular, o proteger en lo posible, al sector automotor. ¿Sabía usted que de las siete fábricas de autos que hay en el país, por lo menos cuatro son modelo en el orden internacional?». Aprovechó el silencio del perplejo Remes para pedir: «Hay que darles algún subsidio o ayuda para que puedan exportar al mundo esos autos».

Humberto Roggero simuló perder la paciencia: «Por favor, el país estalla y estamos hablando de subsidios. ¿Y las soluciones?».

• Pareció darle pie al jefe de los espías, Carlos Soria, que aprovechó para completar el tono sombrío de la reunión. Con ese aspecto «dark» que matiza con las humaredas que lanza su cigarrillo, el titular de la SIDE enumeró: «Hoy en el país hay 274 conflictos abiertos con 160 focos de violencia». Duhalde resbaló: «Eso pasa porque a veces se piensa más en lo que pide el Fondo Monetario y no lo que la gente necesita».

Soria, como si no lo hubieran escuchado, completó: «Hay un panorama complicado en todo el país». Juan José Alvarez, secretario de Seguridad, buscó cámara: «El piso de la protesta es muy alto, estalla con cualquier motivo, y motivos a la gente le sobran».

• Eduardo Amadeo movió carpetas y quiso dar su aporte al ver que el Presidente se movía en la silla mirando el reloj y anunciando el final de la reunión. «He traído acá un perfil del pobre en la Argentina que me gustaría exponer. -Todos los miraron azorados al escuchar-. El pobre es un hombre jefe de hogar, que ha perdido el empleo...» Un vozarrón lo interceptó: «Sí, y además viene del interior» (era Roggero, buscando divertir). Las risas ganaron a todos, y Duhalde aprovechó para retirarse con Chiche González de la sala. «Juanjo» Alvarez intentó poner algo de seriedad, y lo logró, al describir la componente de la agresividad que hay en las calles. A la bronca general hay que sumar, dijo, el activismo de la izquierda, de un sector que fue peronista, del frepasismo residual y hasta de un sector radical en la red de quienes intentan organizar en provecho propio la algarada de los cacerolazos.

Le preguntaron sobre soluciones: reagrupar a los efectivos de la Policía expertos en operaciones antidisturbios que, dijo, el gobierno anterior había dispersado de Infantería hacia otros escuadrones. ¿El peor cóctel? La unión del cacerolazo con el piquetero. La prueba, explicó Alvarez, es el crecimiento de la llamada Corriente Clasista Combativa en los dos tipos de protesta en todo el país. «Pero con el 'Perro' Santillán siempre se pudo arreglar», dijo uno. «Es la razón de la desaparición del 'Perro', que ha quedado superado», dijo Alvarez mirando a Alfredo Atanasof.

• Como esperando el pie, el ministro de Trabajo cerró la reunión con una consigna desalentadora: «Es cierto, a los piqueteros los he tenido en mi despacho hablando horas y no hay nada, de todo lo que sé, que los conforme para que desmonten las protestas. Nada, porque han aprendido que el Estado les dio el recurso y el motivo para seguir quejándose, que fueron los planes Trabajar».

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