Argentina recibe hoy el mayor auxilio financiero de su historia
Fernando de la Rúa y su gabinete anunciarán hoy, en distintas ceremonias, que la Argentina consiguió un auxilio financiero que podría acercarse a los 40.000 millones de dólares: es el blindaje que protegería a la economía frente a un ataque de quienes especulen con que el país carece de recursos para enfrentar sus compromisos. Lo que el gobierno consiguió es mucho, seguramente la ayuda más importante de su historia. Con otra novedad: la alcanza antes de que se precipite una crisis, no cuando ya se consumó, como sucedió en otras experiencias donde los países fueron ayudados después del colapso (México, Corea, Rusia y Brasil, por ejemplo). Son estas excepcionalidades las que harán que hoy De la Rúa presente el blindaje como la inauguración de una segunda etapa de su gestión, en la que pretende beneficiarse de mayores optimismo y confianza y, en definitiva, de otros niveles de actividad y crecimiento. Sobre todo para el año electoral. El Presidente y su equipo más activo estuvieron ayer en Olivos durante todo el día. Se buscó ratificar a José Luis Machinea en el cargo -hubo una sesión de fotos ad hoc-y se preparó la liturgia de hoy: reunión de gabinete por la mañana, almuerzo con periodistas especializados al mediodía y anuncio formal por la tarde. La contracara de esta ayuda inusual para el país: una carta de intención con el Fondo Monetario Internacional en la que la administración se compromete a sancionar la reforma previsional por decreto, a sancionar una nueva ley de entidades financieras -en rigor, para modificar algunos detalles del sistema-y a reglamentar la desregulación de las obras sociales para esta semana, entre otros propósitos.
-
Inflación: prevén que en abril se cortará la racha alcista de 10 meses y el IPC perforará el 3%
-
Más aire para el dólar: volvió a caer la demanda para atesoramiento y quedan u$s3.200 millones para liquidar de ONs
El «grupo Mansilla» preparó para el gabinete -en especial para Colombo- más de un memorándum recomendando estrategias para revitalizar la gestión al menos en su look ante la opinión pública. Entre los objetivos que les señalaron a los funcionarios para la nueva etapa figura el cambio de expectativas, sobre todo entre los inversores. El blindaje sería, en este sentido, un «punto de inflexión» a partir del cual el gobierno podría ser evaluado con una mirada menos crítica. Crudamente, estos «image makers» le aconsejaron al gobierno considerar que el auxilio financiero puede ser, nada más y nada menos, la última oportunidad para demostrar que De la Rúa tiene manejo sobre la situación del país. A partir de esas metas, los nuevos encargados de la suerte de la administración ante los medios aconsejaron lo que comenzó a hacer De la Rúa el sábado ante los convencionales radicales: presentar la operación económica que se anunciará hoy como una «bisagra» y evitar que suceda con este mensaje lo que ocurrió con muchos otros emitidos por el gobierno actual. Es decir, que se pierdan en un mar de novedades sin sentido preciso. Fue siguiendo estos consejos que el Presidente y sus ministros prepararon ayer el ritual de los anuncios, tratando de proveer a la noticia de una «escenificación especial» para que se vea el salvataje como la base del crecimiento, tal cual dijo De la Rúa en Paraná. Para que no se agote todo en una operación de emergencia, como es la que se presentará hoy, los expertos que coordina Mansilla recomendaron también extender la saga en una cadena de acontecimientos: desde reuniones con bloques parlamentarios hasta una convocatoria a los gobernadores para suscribir un «compromiso para crecer».
Finalmente, el nuevo equipo que se propone aquello que en vano intentaron Darío Lopérfido, Antonio de la Rúa y Ramiro Agulla, hacen algunas propuestas de carácter operativo. Una de ellas, acaso la más simpática, es sacar del salón de los bustos de la Casa Rosada el micrófono que está ahí instalado. Dicen que obliga a los funcionarios a sobreexponerse con declaraciones, como sucede con Ricardo Ostuni, el vocero presidencial, quien al parecer mere-cería varias correcciones en su tarea por parte de estos expertos. La campaña que se inicia podría, entonces, llamarse «maldito micrófono»: como si por el gobierno emitiera mensajes sólo porque existe ese amplificador, que además trae malos recuerdos. Fue frente a tal aparato que Alvarez dedicaba sus filípicas a los radicales con De la Rúa ausente del país, antes de bajarse del gobierno en medio de denuncias de corrupción.



Dejá tu comentario