18 de diciembre 2000 - 00:00

Argentina recibe hoy el mayor auxilio financiero de su historia

Fernando de la Rúa y su gabinete anunciarán hoy, en distintas ceremonias, que la Argentina consiguió un auxilio financiero que podría acercarse a los 40.000 millones de dólares: es el blindaje que protegería a la economía frente a un ataque de quienes especulen con que el país carece de recursos para enfrentar sus compromisos. Lo que el gobierno consiguió es mucho, seguramente la ayuda más importante de su historia. Con otra novedad: la alcanza antes de que se precipite una crisis, no cuando ya se consumó, como sucedió en otras experiencias donde los países fueron ayudados después del colapso (México, Corea, Rusia y Brasil, por ejemplo). Son estas excepcionalidades las que harán que hoy De la Rúa presente el blindaje como la inauguración de una segunda etapa de su gestión, en la que pretende beneficiarse de mayores optimismo y confianza y, en definitiva, de otros niveles de actividad y crecimiento. Sobre todo para el año electoral. El Presidente y su equipo más activo estuvieron ayer en Olivos durante todo el día. Se buscó ratificar a José Luis Machinea en el cargo -hubo una sesión de fotos ad hoc-y se preparó la liturgia de hoy: reunión de gabinete por la mañana, almuerzo con periodistas especializados al mediodía y anuncio formal por la tarde. La contracara de esta ayuda inusual para el país: una carta de intención con el Fondo Monetario Internacional en la que la administración se compromete a sancionar la reforma previsional por decreto, a sancionar una nueva ley de entidades financieras -en rigor, para modificar algunos detalles del sistema-y a reglamentar la desregulación de las obras sociales para esta semana, entre otros propósitos.

El que dio el tono para lo que será una «serenata al país» de varios días fue Fernando de la Rúa, en el discurso que pronunció ante los convencionales de la Unión Cívica Radical reunidos el sábado en Entre Ríos. Habló del blindaje, lo presentó como la bisagra entre un antes y un después. La exposición de De la Rúa fue la inauguración de un discurso que se escuchará reiteradamente en los próximos días en boca de los funcionarios. El argumento central será que los cerca de 40.000 millones de dólares que estarán a disposición del gobierno no son un salvataje derivado de la crisis a la que condujeron «la herencia recibida» y los desaciertos de un año de gestión de la Alianza; no, para el oficialismo se trata de una inversión que realiza el mundo apostando al futuro promisorio que ofrece el país bajo la administración actual.

Esa forma de mostrar el auxilio financiero no fue una ocurrencia de último momento sino el resultado de una estrategia de imagen deliberada. El blindaje será la excusa, también, para que De la Rúa y su equipo ensayen una nueva política de comunicación: sea o no que estén en lo cierto, ellos creen que gran parte de sus dificultades se deben a la ausencia de una actividad coherente en ese sentido.

Liturgia

El propio Presidente reunió ayer a un círculo estrecho de colaboradores, en Olivos, para preparar durante todo el día la liturgia de hoy. Estuvieron Chrystian Colombo, José Luis Machinea, Patricia Bullrich, José María García Arecha, Jesús Rodríguez, Ricardo Ostuni y Darío Alessandro. A lo largo de una hora y media ese grupo, acaso el más articulado que tiene el gobierno, se dispuso el cronograma de hoy. A las 11.30 se realizará una reunión de gabinete con la excusa de comunicarle a los ministros la noticia del dinero disponible. Cabe pensar que más que informar -¿puede haber alguien desinformado en ese club?- se trata de convenir argumentos, modos de entusiasmar con la novedad. Para las 13 está previsto un almuerzo con periodistas especializados en economía, a los que se comunicará detenidamente lo que a las 15.30 se anunciará al país, con pompa y circunstancia.

Además de los horarios, en Olivos también se planeó ayer la estética del lanzamiento: lo harán De la Rúa junto con Colombo, Adalberto Rodríguez Giavarini y Machinea. Nada de Chacho Alvarez o Raúl Alfonsín. La estrella, se maquina, debe ser el mandatario. El resto de los funcionarios no subirá al escenario sino que acompañará al Presidente desde butacas laterales. Aparte de di-vulgar las ventajas del auxilio financiero, el gobierno pretende también quitar incertidumbre alrededor de Machinea, quien ayer protagonizó una sesión de fotos en la que De la Rúa lo abraza mientras ambos caminan bucólicamente por los jardines de Olivos (se nota que las tomas fueron preparadas muy artificial-mente: el Presidente no acostumbra a abrazar ni a su mejor amigo). Además, se comenzó a jugar con la incógnita de la ayuda financiera ¿Más de 30.000 millones? ¿35.000? ¿Más todavía? «No exageremos, juguemos a menos, que haya sorpresa con la cifra», aconsejó alguien precavido, cuando uno de los contertulios sugirió lanzar la suma de «60.000 millones». Parecía que hablaran del premio del loto, no de una deuda que se acaba de contraer, aun cuando no se llegue a utilizar todo el dinero.

El gabinete no llegó a esta instancia de manera espontánea. Desde hace más de dos semanas un equipo especial de comunicación se encargó del blindaje como de una producción cinematográfica. Para este trabajo se contrató al experto en imagen César Mansilla (socio del director de la Biblioteca Nacional Francisco Delich en Mansilla, Delich y Asociados), quien formó un equipo junto con los encargados de prensa de algunas oficinas del gobierno. El «team» está integrado por Mansilla, Roberto Starke, Adolfo Torno, Ricardo Rosa-les, Oscar Muiño, Néstor Landoni y Jorge Ortega. El paraguas político de esta escuadra, encargada de restaurar el aspecto del gobierno a partir del blindaje lo ofrecen Colombo, Enrique Nosiglia y Carlos Becerra.

El «grupo Mansilla» preparó para el gabinete -en especial para Colombo- más de un memorándum recomendando estrategias para revitalizar la gestión al menos en su look ante la opinión pública. Entre los objetivos que les señalaron a los funcionarios para la nueva etapa figura el cambio de expectativas, sobre todo entre los inversores.
El blindaje sería, en este sentido, un «punto de inflexión» a partir del cual el gobierno podría ser evaluado con una mirada menos crítica. Crudamente, estos «image makers» le aconsejaron al gobierno considerar que el auxilio financiero puede ser, nada más y nada menos, la última oportunidad para demostrar que De la Rúa tiene manejo sobre la situación del país. A partir de esas metas, los nuevos encargados de la suerte de la administración ante los medios aconsejaron lo que comenzó a hacer De la Rúa el sábado ante los convencionales radicales: presentar la operación económica que se anunciará hoy como una «bisagra» y evitar que suceda con este mensaje lo que ocurrió con muchos otros emitidos por el gobierno actual. Es decir, que se pierdan en un mar de novedades sin sentido preciso. Fue siguiendo estos consejos que el Presidente y sus ministros prepararon ayer el ritual de los anuncios, tratando de proveer a la noticia de una «escenificación especial» para que se vea el salvataje como la base del crecimiento, tal cual dijo De la Rúa en Paraná. Para que no se agote todo en una operación de emergencia, como es la que se presentará hoy, los expertos que coordina Mansilla recomendaron también extender la saga en una cadena de acontecimientos: desde reuniones con bloques parlamentarios hasta una convocatoria a los gobernadores para suscribir un «compromiso para crecer».

Finalmente, el nuevo equipo que se propone aquello que en vano intentaron
Darío Lopérfido, Antonio de la Rúa y Ramiro Agulla, hacen algunas propuestas de carácter operativo. Una de ellas, acaso la más simpática, es sacar del salón de los bustos de la Casa Rosada el micrófono que está ahí instalado. Dicen que obliga a los funcionarios a sobreexponerse con declaraciones, como sucede con Ricardo Ostuni, el vocero presidencial, quien al parecer mere-cería varias correcciones en su tarea por parte de estos expertos. La campaña que se inicia podría, entonces, llamarse «maldito micrófono»: como si por el gobierno emitiera mensajes sólo porque existe ese amplificador, que además trae malos recuerdos. Fue frente a tal aparato que Alvarez dedicaba sus filípicas a los radicales con De la Rúa ausente del país, antes de bajarse del gobierno en medio de denuncias de corrupción.

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