"Vamos a sentarnos a negociar una vez que dejen pasar los autos argentinos", ese fue el mensaje claro que el Gobierno argentino le trasmitió a Brasil en la noche del viernes para cerrar una jornada cargada de tensión y de fuego cruzado.
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Según pudo saber ámbito.com, la ministra de Industria, Débora Giorgi, tuvo una charla telefónica de más de 20 minutos con su par brasileño, Fernando Pimentel, y le comunicó la propuesta del Gobierno argentino de sentarse en una mesa bilateral con Brasil la semana que viene en Foz de Iguazú, pero le advirtió que Argentina no piensa dialogar bajo presión. Ahora la respuesta quedó en manos de Brasil. Pimental tomó nota y prometió contestar en las próximas 48 horas.
Desde la mañana ambos gobiernos cruzaron misivas hasta que por la noche llegó el llamado telefónico. En cada mensaje desde los dos lados se clamaba por diálogo, pero se reforzaba la distancia en sus posiciones. Un clásico.
Argentina abrió el correo por la mañana y protestó por las trabas a los autos y aprovechó para pasar factura sobre históricos reclamos de productos argentinos que no tienen acceso al mercado brasileño como el de vinos, medicamentos, cítricos, leche en polvo y aceite de oliva. En la dura misiva la ministra Giorgi cuestionó inclusive la real voluntad de Brasil para permitir un desarrollo industrial equilibrado.
Además, se puso en duda la teoría brasileña de que la ampliación de la lista de productos que deben seguir el régimen de licencias no automáticas o los controles sanitarios para restringir la entrada a la Argentina de productos alimentarios de origen brasileño, como las pastas, los dulces y los chocolates provocaran un golpe a las exportaciones de ese país. "Los datos del comercio bilateral desmienten que se verifique un impacto negativo en las exportaciones de Brasil a la Argentina", resalta en el texto de 6 carillas enviado a Brasilia.
La afirmación se basa en que, de acuerdo con estadísticas elaboradas por Industria, en el primer trimestre de 2011 las compras argentinas de productos brasileños han crecido un 33 % en términos anualizados, alcanzando los u$s 4.700 millones en este período, con saldo positivo a favor de Brasil de u$s 730 millones, que resultó mayor al registrado en el mismo período de 2010.
Más tarde, Pimentel contestó con una escueta carta en la que reclama el inicio de "un diálogo constructivo" e invitó al Gobierno a una reunión en Brasilia para la próxima semana, convite que Giorgi finalmente condicionó al diálogo aunque con picardía también le cambió de cancha y propuso Foz de Iguazú en lugar de la capital brasileña como terreno de la negociación.
• Impasse hasta el lunes
Desde Brasil estiman que se hará todo lo posible para que el tensiómetro con la argentina no llegue al límite. Y aseguran que si se acepta la condición de levantar las restricciones impuestas a los vehículos, será una gran muestra de que lo que menos que quiere el gobierno de Dilma es romper con su principal socio del Mercosur. La respuesta tendría que llegar el día lunes.
Ahora, si bien las recientes trabas que provocaron que más 2.500 autos duerman desde el martes en la frontera son claramente una represalia a la Argentina, también es claro que Brasil inició una política agresiva para frenar importaciones con el fin de proteger su industria doméstica y fortalecer al real que va más allá de esta medida puntual. Inclusive, hoy se supo que una nueva serie de medidas podrían ser anunciadas en las próximas horas, incluyendo una investigación sobre productos chinos que ingresan ilícitamente a la nación a través de terceros países.
"Esto deja en claro, que si bien hoy fue el turno de los autos, mañana serán otros productos" confió a ámbito.com un empresario, lectura que comparten desde el Gobierno argentino.
El ministro Fernando Pimentel lo dejó en claro al decir que las nuevas barreras a las importaciones de autos implementadas esta semana son parte de una amplia estrategia para proteger a los fabricantes brasileños y no una medida dirigida contra la Argentina.
"No podemos quedarnos sentados viendo a nuestra industria ser devastada por el tipo de cambio, que no va a cambiar (sustancialmente) en el corto plazo", dijo Pimentel. "La gente piensa que esto es contra la Argentina. Ese no es el caso. Esto es parte de una gran estrategia para proteger a nuestra industria, no una guerra comercial contra nadie", agregó.
Fuentes gubernamentales aseguraron a ámbito.com que aunque confían que poder llegar a sentarse en una mesa con Brasil a mediados de la próxima semana, la reunión va a ser muy dura. "Seguramente sea a cara de perro. El límite de que no se negocia con las trabas es una muestra de que esto viene para largo", relató.
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