10 de mayo 2005 - 00:00

Argentina y Brasil cada vez más lejos

Tanto Néstor Kirchner como la cúpula de la Unión Industrial Argentina tuvieron un día difícil en Brasilia. El Presidente debió cenar con Hugo Chávez luego de que el vicepresidente venezolano calificara a EE.UU. de «estado terrorista» (Kirchner busca la ayuda de Washington ante el FMI). Por su parte, el anfitrión, Lula da Silva, le avisó que no eliminará las ayudas del Estado y del oficial Banco de Desarrollo (BNDES) a la industria brasileña. Hace algunos días, Lula había declarado que Kirchner «puede nombrar al técnico de la Selección», ante la queja del presidente argentino, velada en trascendidos periodísticos, de que los brasileños quieren todos los cargos en organismos internacionales.

Al arribaranoche aBrasilia, elpresidenteargentino,NéstorKirchner,fue recibidocon honoresmilitares.
Al arribar anoche a Brasilia, el presidente argentino, Néstor Kirchner, fue recibido con honores militares.
Néstor Kirchner llegó anoche a Brasilia para asistir al asado que serviría en su honor y en el de Hugo Chávez el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Hoy participará de la cumbre sudamericano-árabe, celebrada en medio de un debate agitado en Brasil. A las 20.30, Kirchner se encontrará a solas con su colega brasileño.

Deberán zanjar varios entredichos: no sólo la polémica por las salvaguardas comerciales que pidió Roberto Lavagna; también las quejas que levantó Rafael Bielsa por lo que caracterizó como una vocación desmedida al liderazgo por parte de Brasil. El punto principal de fricción parece estar destinado al desacuerdo permanente. Es la pretensión de Itamaraty de que una inminente reforma al Consejo de Seguridad de la ONU termine ubicando allí a Brasil de manera permanente. De eso le hablará Lula a Kirchner.

La noche no podía ser menos adecuada para un encuentro con Chávez si lo que se pretende, como ocurre en el caso argentino, es obtener algún aval de Washington para negociaciones internacionales (por ejemplo, en el FMI). Ayer, el gobierno venezolano por boca de su vicepresidente Víctor Rangel, habló de Estados Unidos como un Estado terrorista, asociándose a la dictadura de Fidel Castro, quien comparó a George W. Bush con Adolf Hitler. Esas afinidades caribeñas podrían ser aprovechadas por Kirchner, según preveía anoche un allegado a Rafael Bielsa: «Chávez podría dar una mano para que, cuando el Presidente viaje a Cuba, Castro permita el viaje de la doctora Hilda Molina a Buenos Aires».

Los otros temas de conversación, si bien no eran conocidos hasta el cierre de esta edición, pueden resultar previsibles. Venezuela, Brasil y la Argentina son tres países entrelazados por la crisis energética del Cono Sur. No sólo el gobierno de Kirchner deberá volver a comprar fueloil al de Chávez (o a los intermediarios que señale el gobierno de Chávez, como ocurrió el año pasado), sino que desde Buenos Aires se pretendeimportar electricidad desde Brasil para el pico del invierno. Habrá que convencer a las autoridades de ese país, irritadas por las restricciones en la venta de energía de las usinas argentinas durante la seca de hace dos meses.

• Halago

Si bien Bielsa supone que Lula se retraerá en su sueño de integrar Brasil al Consejo de Seguridad, el líder del PT volverá con el tema como todas las veces en que se encontraron. El canciller, que militaba a favor de esa banca permanente para Brasil antes de que lo nombraran en su cargo actual, ignora un dato elemental: Celso Amorim, su colega de Itamaraty, ha hecho de la obtención de esa posición la razón de su vida. Como suele ocurrir con los apotegmas técnicos de los diplomáticos, se trata de posturas difíciles de mover con argumento alguno. En el caso de Amorim, a la tozudez personal se le suman otros factores. Uno es que Lula y su gobierno pretenden halagar a la izquierda nacionalista del PT con la exaltación internacional de Brasil a falta de una política económica que satisfaga sus propensiones al populismo. Otro es que el canciller brasileño cree que en setiembre próximo se iniciará el proceso de reforma del Consejo de Seguridad por el solo hecho de que Japón y Alemania lo desean y muchos países del Tercer Mundo lo apoyan. Japón y Alemania corren con 30% de los gastos de la ONU.

Bielsa, entregado a los brazos del ala «carnalista» de la Cancillería, espera que el desinterés de los Estados Unidos en modificar el orden actual del Consejo de Seguridad frustrará las expectativas brasileñas. En Itamaraty, todo un sector ligado a Fernando Henrique Cardoso cree que esto es lo que sucederá y que, por lo tanto, Amorim está pagando costos en sus relaciones con los países vecinos, reabriendo embajadas en Africa que ya se habían cerrado, para conseguir un objetivo por ahora inalcanzable. Entre los ejemplos que enumeran esos diplomáticos disidentes está la derrota brasileña en la OMC: el candidato Luiz Felipe de Seixas Correa quedó derrotado y ahora Brasil debe dar su voto al uruguayo Carlos Pérez del Castillo. Seixas será trasladado de Ginebra a Berlín a llorar su amargura. A la OMC, que es donde se discuten las salvaguardas y quejas del comercio internacional, será destinado Clodoaldo Hugueney, un diplomático del PT de propensiones nacionalistas y antinorteamericano.

Sobre otras expansiones de la pretensión de liderazgo brasileño seguramente habrá bromas y quejas mezcladas esta tarde, en el encuentro Kirchner-Lula. El brasileño estuvo desdeñoso con su colega la semana pasada, cuando le comentaron que Kirchner suele decir que «Brasil quiere poner todos los cargos que haya en disputa en el mundo». «Si él quiere, puede poner al técnico de la Selección», le contestó el sindicalistapresidente. Respecto del protagonismo de Brasilia en la crisis ecuatoriana que terminó con el gobierno de Lucio Gutiérrez, ayer llegó la primera factura: el ministro de Economía de la administración de Alfredo Palacio le reclamó al ministro de Industria, Luiz Furlan, u$s 250 millones para obras de infraestructura de su país.

Amorim recibió anoche a los argentinos que iban adelantándose al arribo de Kirchner con declaraciones amistosas. Dijo que las disidencias con la Argentina se deben a que es una relación intensa y que «los verdaderos problemas son los de comercio». En relación con esto, anoche se adelantaba a este diario desde Brasilia que «el gobierno de Lula no va a eliminar, ni mucho menos, las verdaderas asimetrías de que se queja la Argentina: la competencia entre estados por subsidios y el financiamiento del BNDES».

Dejá tu comentario

Te puede interesar