Los argumentos, los imaginables: la onda «light» hacia nuestras maltrechas finanzas y supuestas líneas de ayuda, que confrontan con la Ley de Déficit Cero. Evidentemente, no tiene mucho que ver con «deudas cero» (pero nadie parece preocuparse demasiado ante las urgencias). Sumado a ello, la jugada de Cavallo permitiendo pagar impuestos, con devaluados papeles de deuda nacionales, y que constituye regio negocio para los poseedores o compradores, y de dudoso éxito para las arcas del fisco: que cambia metálico por papel malo. Tampoco en esto hay muchas ganas de escarbar, en fin, se tomó como una buena nueva. Y, finalmente, con los mismos instrumentos: el papel de Pérez Companc como eje de todo, el acompañamiento de algunos otros, y los índices que chocan entre sí, según se esté dentro o fuera de la cartera Merval.
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Con la última novedad, «el cable», pisando fuerte: resulta que ahora el total que se da de negociado es una «casatta» de tres gustos. Lo que viene por esa vía más lo hecho en CEDEAR, completado por la franja mínima de lo actuado en el piso.
Los montos alcanzaron alturas en estos días, no se sabe mucho cuánto hay de cierto, o de sólido, en ello. Lo concreto es que el mercado argentino fue la estrella absoluta, en día donde Wall Street veía un derrumbe tecnológico, y por aquí se subía hasta más de 4 por ciento en los mervales con gran ayuda del balance de PECOM, que llegó excediendo expectativas... y se aprovechó.
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