Superada la experiencia mixta, en cuanto a los resultados de intentar superar la recesión mediante la rebaja del IVA de 21% a 19%, Roberto Lavagna pidió a su equipo que trabajen en otras medidas que fomenten la demanda interna.
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El reflejo primario de este reclamo fue desempolvar desde la Secretaría de Hacienda que maneja Jorge Sarghini, la que en su momento fue la alternativa de la reducción de ese tributo: la posibilidad de aumentar la devolución del IVA a la compra con tarjeta de débito de 5% actual hasta un posible 8%.
Según los defensores de esta variante, la medida tendría más ventajas fiscales que la reducción generalizada de la alícuota de 21% a 19%, y no sería cuestionada por los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI) que mensualmente analizarán hasta agosto de 2003 las cuentas nacionales.
•Costo fiscal
En su momento la ampliación de la devolución del IVA a la compra vía tarjetas de débito, había sido elaborada a pedido de Lavagna por la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) de Alberto Abad y la Secretaría de Ingresos Públicos de Eduardo Ballestero, además de otros técnicos de Hacienda. Se decía que, eventualmente, esta ampliación del reintegro tendría un costo fiscal no mayor a los 8 millones de pesos mensuales, una cifra sensiblemente inferior a los $ 30 millones mensuales que según el ministro de Economía se perdieron como máximo por la reducción de la alícuota del IVA. El monto surge de calcular que actualmente la AFIP devuelve entre 11 y 14 millones de pesos mensuales por esta vía, que se depositan directamente en las cuentas salario o corrientes de los usuarios de las tarjetas de débito. La demora en esta retribución no supera, según fuentes financieras, las 72 horas luego de producida una compra.
Desde la AFIP se había defendido la medida argumentando que por este mecanismo el organismo recaudador se aseguraba una operación en blanco. Esto sería así ya que inevitablemente el comercio que realiza una venta vía tarjeta de débito debe tributar el IVA resultante, ya que la entidad financiera actúa como agente de retención del impuesto, lo que lo garantizaba el pago. En cambio, esta seguridad, alegan en la Secretaría de Hacienda, no estaría garantizada con la rebaja del IVA, ya que su pago depende de que el comerciante o proveedor de un servicio presente la declaración jurada correspondiente.
•Fondos previos
El problema de la medida es que es muy acotada en cuanto al público que podría aprovecharla. Sólo ingresan los que tienen abierta una cuenta corriente, salario o de ahorro en algún banco y disponen de una tarjeta de débito; que a diferencia de la de crédito, necesita fondos previos depositados para hacer una compra. Sin este requisito no hay posibilidades de realizar una operación. Además, y a diferencia de una reducción generalizada del IVA que en teoría abarcaría a todo el público, esta medida sólo alcanza al público bancarizado; lo que aleja a todos los sectores que trabajan en negro y a muchos empleados del interior, que aún permanecen fuera del sistema financiero. El creador de esta alternativa fue el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, cuando en noviembre de 2001 impulsó este mecanismo para intentar reactivar la economía y reducir la evasión.
Por otro lado, esta semana comenzarán a analizarse en la realidad los efectos concretos sobre la recaudación del intento de reducir la alícuota del IVA de 21% a 19%, cuando comiencen a llegar a la AFIP las primeras declaraciones juradas mensuales. El dato será clave, ya que además medirá la evolución de las ventas de diciembre, mes en que habitualmente sube la recaudación por el incremento estacional de la actividad comercial por las fiestas de fin de año.
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